lunes, 5 de agosto de 2013

CAPÍTULO 23


Me quede quieta con los platos todavía en la mano. ¿Había oído bien lo que Dani acababa de gritar? Sabía que sentía eso, o al menos lo intuía porque yo sentía lo mismo, pero nunca me lo había dicho, ni menos gritado. Querría salir corriendo, abrazarle y gritarle que yo también le quiero, pero sé que ya habrá salido corriendo hacia el coche y no le pillare, así que me contengo. 

Termino de recoger toda la cocina y voy a la habitación a vestirme. Me quito su camiseta, por lo menos al verme así vestida se rió, eso era lo que pretendía. Me calzo las botas y me arreglo el vestido, aunque antes de salir por la puerta me doy cuenta de que no ha hecho la cama. Estiro las sábanas como puedo y la dejo más o menos arreglada. Antes de irme a la calle paso por el baño para arreglarme un poco ante el espejo y me doy cuenta que en una baldosita de cristal hay un frasco de colonia. La cojo con cuidado y me echo un poco en las muñecas, las froto y huelo. Sonrío al instante, he dado en el clavo, es su perfume. Pienso que así me acompañara a la entrevista de trabajo y, quien sabe, quizá me de suerte.

Salgo de la casa cogiendo las llaves que había dejado en la entrada y mi bolso. Bajo las escaleras andando, nunca está de más hacer ejercicio. En el portal saludo a un señor mayor que llegaba de hacer su compra diaria y le ayudo sujetándole la puerta para que pueda pasar, él me sonríe aunque se le nota en la mirada que no sabe quién soy. Yo le regalo mi mayor sonrisa, que hoy salen solas. Camino en dirección a la parada de metro más cercana y cojo el primer tren que pasa hacia Gran Vía. Una vez llega a la parada subo las escaleras más animada que nunca, positiva como nunca he estado, estoy segura que me cogerán, lo presiento. Y no es que sea ningún trabajo maravilloso, es para trabajar como dependienta en la Casa del Libro, pero amo leer y siempre he querido trabajar rodeada de libros.  

Justo a diez metros de la tienda me choco con una chica que estaba mirando hacia otro lado y algo se le cae de las manos. Instintivamente me agacho para ayudarla a recogerlo mientras ella se disculpa por la torpeza. Al ver de qué objeto se trata la miro. ¿Cómo no la había reconocido de lejos? Le doy el micrófono de YU! a la vez que ella también se da cuenta de quién soy yo. Nos reímos por la coincidencia y nos damos dos besos, prometiéndonos llamarnos un día de estos y seguir hablando de un tema que ya salió en su casa. No puedo entretenerme más porque tengo la entrevista en cinco minutos, Cris lo comprende y me deja ir, aunque gritándome una vez cuando ya me he alejado que la llamé, ante el atento cámara, que no comprende nada de lo que acaba de pasar, ni mucho menos quien era yo para que Cris me conociese y tuviese esa confianza conmigo. 

Entro en la tienda pensando en la casualidad que acaba de ocurrir hasta que caigo en que los estudios de los 40 están en la acera de enfrente y que Cris siempre grabara por esta zona. Me acerco a uno de los mostradores para preguntar a dónde me tengo que dirigir, ya que sólo tengo como información que es a esta hora y en este lugar la entrevista. 

-Perdona, tengo una entrevista, ¿a dónde tengo que ir? -pregunto amable a la chica que, en la caja, se dedica a ordenar libros no comprados.

La chica que está en el mostrador, no más mayor que yo, con un pelo rubísimo que le llega casi hasta la cadera y que, según el cartelito que lleva colgado en el uniforme, se llama Eva, me señala a otra chica más mayor y un tanto regordeta que lleva una carpeta en la mano, indicándome que es ella quien lleva el tema de las entrevistas. Le doy las gracias y me dirijo hacia allí.

Esquivo las estanterías repletas de libros que me separan de ella, ahora más nerviosa que antes. Justo cuando llego a su lado, y sin sí quiera darme tiempo a llamarla, se da la vuelta y se dirige a mí. Tiene una melena color caoba por encima de los hombros y unas gafas de pasta color azul esconden sus ojos del mismo color. Según el cartelito ella se llama Beatriz, aunque parece que ella no necesita ningún cartel para saber mi nombre:

-Eres Raquel, ¿verdad? -asiento tímida y nerviosa con la cabeza. Después de examinarme de arriba a abajo dice- Esta bien, leímos tu currículum el otro día, no hace falta entrevista, estas dentro. 

Al oír aquello casi salto de la alegría. No sé que abran visto en mi curriculum para aceptarme en el acto, pero da igual. Sabía que hoy todo saldría bien, mi optimismo ganaba puntos por momentos. Decido contenerme, no vaya a ser que piensen que estoy loca.

-Gracias, mil gracias -digo sin poder contener la emoción-. ¿Cuándo empiezo? 

-Si quieres, puedes empezar hoy mismo -me responde Bea-. Te he asignado la zona juvenil, yo hoy te enseño como va todo y así ya mañana te podrás apañar tu sola, ¿te parece? Por cierto, soy Beatriz, pero puedes llamarme Bea -me dijo como si no hubiese sido capaz de leer el cartel. 

-Encantada -respondo amablemente mientras le estrecho la mano.  

Me guía a través de los pasillos para empleados y me da el uniforme para que me cambie y me ponga a trabajar cuanto antes. En menos de cinco minutos estoy vestida con mi nueva ropa y lista para el trabajo, ahora con más energía que nunca, y es que hace cinco minutos, mientras me cambiaba, había echado una hojeada al móvil, descubriendo un Whatsapp en el que ponía:
 
Siento haberme ido de esa manera, ¿esta tarde quedamos? Te quiero.

Yo solo le había contestado con un "Ok, te quiero" porque tenía planeado una sorpresa y no quería descubrirle más detalles. Pero lo primero era lo primero y habría que pasar una primera jornada de trabajo rodeada de mis nuevos compañeros, los libros, eso sí, estaba completamente segura de que no me le podría sacar de la cabeza ni un momento.

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