miércoles, 28 de agosto de 2013

CAPITULO 24


En cuanto termina la grabación voy directo a mi camerino, he quedado con Raquel en media hora en Gran Vía y no quiero llegar tarde. Me cambió lo más deprisa que puedo y salgo. Me despido de los compañeros con los que me cruzo, la mayoría felices ya porque en dos días se acaban por fin las grabaciones de la temporada. Salgo por la puerta de cristal que lleva al parking, aunque al abrirla una chica alta, pelirroja, entra al edificio a la vez que yo intento salir. Casi nos chocamos y nos reímos mientras yo me aparto y la dejo pasar, no me fijo mucho en ella, pero juro que me ha guiñado el ojo mientras pasaba por mi lado, bastante más cerca de mi cuerpo de lo que el pasillo exigía. He de reconocer que es muy guapa, enfundada en unos pitillos muy ajustados y tal vez con demasiado escote como para ir a trabajar. No le doy importancia, ahora mi mente sólo piensa en Raquel.

Es al salir del edificio cuando la veo. Viene corriendo hacia mí como una niña pequeña, dejando que su cabello vuele grácilmente por el aire. Luce la mayor de sus sonrisas y en cuanto se acerca a mi no me da tiempo ni a saludar, cuando nuestros labios ya están juntos. Más juguetona que de costumbre, me muerde el labio inferior mientras me mira con esa mirada que me vuelve loco, esta vez pícara. Yo entonces la agarro del trasero y hago que se suba a mi cintura, enroscando sus piernas alrededor mío. Como no tengo fuerza suficiente como para aguantar su peso, apoyo su espalda en la pared más cercana del parking, disminuyendo así aún más la distancia entre los dos. Haciendo que la tela de su vestido se junte con la de mi camiseta. Ella sigue jugando, revolviendo mi pelo. Percibo por el rabillo del ojo a tiempo que uno de los guardias de seguridad viene hacia nosotros y, rápidamente, hago que Raquel se baje y se ponga a mi lado, justo a tiempo para que no nos pillase. Los dos saludamos y nos miramos, cómplices de que casi nos pillan demasiado fogosos para estar en un lugar público. Cuando el guardia termina de pasar me giro hacia Raquel que sigue apoyada en la pared y poniendo un brazo por encima de su cabeza le digo:

-Bueno, déjame adivinar: el puesto es tuyo. –ella me mira sorprendida, seguramente no creía que me acordaría de que tenía una entrevista y yo la sonrío divertido.

Se muerde el labio mientras me aguanta la mirada y me contesta emocionada:

-¡Sí! Además trabajo en una de mis secciones favoritas, ¡es perfecto!

-Me alegro mucho. –y sin que se lo espere la cojo de la cintura y le doy una vuelta, elevándola por el aire como una niña. Haciendo que la falda del vestido gire y se despegue de sus piernas. Ella se ríe por aquel gesto tan espontáneo- Algo habrá que hacer para celebrarlo, ¿no? –le digo en cuanto la vuelvo a dejar en el suelo.

Ella, que tenía una mano en la cabeza para hacerme creer que se había mareado, me mira con los ojos muy abiertos y despacio me dice:

-Bueno… pensé que a lo mejor tenías que hacer cosas y por eso he venido hasta aquí. La verdad es que ya tenía pensado qué hacer esta tarde… Pero tal vez no te apetezca.

Yo la miré sorprendido, ¿no me había mandado ella un mensaje diciendo que si quedábamos? Entonces caí en que lo que en realidad quería era esto, darme una sorpresa aquí. De todas formas, ¿qué tendría que hacer para que pensase que no me apetecería? No pude contener la duda dentro de mi cabeza y se lo pregunté:

-¿Y qué va a ser tan aburrido como para que no me apetezca pasar la tarde con mi chica? –noto que al pronunciar las palabras ‘mi chica’ sus ojos se iluminan, la verdad es que  no lo he pensado, me ha salido solo. Y la verdad, me ha gustado mucho como ha sonado. ‘Mi chica’. Mis pensamientos me hacen sonreír, pero es su voz contestándome la que me devuelve a la realidad.

-Bueno… había pensado ir de compras… Casi no tengo ropa de verano. –dice mirando hacia abajo, tal vez avergonzada por no haber contado conmigo en sus planes de esta tarde.

Entonces sin evitarlo, empiezo a reírme y al ver su cara de asombro por mi reacción, se lo explico:

-Raquel… si es que a mí no me importa ir de tiendas. La verdad es que me gusta, así que si me dejas, te acompaño.

Ella no esconde su felicidad por mi contestación y me abraza mientras da saltitos de alegría. Yo aparto un poco la cabeza y la beso.

-Bueno, ¿vamos en tu coche? –me dice mientras señalaba con la cabeza mi coche que está aparcado unas plazas más allá de donde nos encontramos, mientras todavía no quita los brazos de mis hombros.

-Claro. –respondo. Y vamos hasta el coche de la mano. Ella sonriente como nunca, y yo feliz de verla así.

Aparco en el primer sitio que encontramos en el centro comercial que me ha indicado Raquel. Parece grande pero tranquilo, no hay muchos coches en el parkimg. Caminamos hasta la entrada y Raquel me guia entre pasillos llenos de gente, tiendas y cada vez cargados con más ropa y bolsas que me toca llevar a mí. Al final resultó una rutina: entrábamos en una tienda, Raquel revoloteaba por los estantes buscando la ropa que más le gustaba, se metía en el probador, me hacía un pase de modelos en el que yo siempre le decía que todo le quedaba bien, y es que no mentía, Raquel tenía un cuerpazo y cualquier cosa le iba como un guante. Al final se llevaba casi todo lo que había cogido y pagaba. Pero en una tienda el esquema se rompió.

Raquel estaba probándose un vestido verde precioso, ajustado hasta la cintura y con falda de vuelo hasta las rodillas, aunque asimétrico por la parte de atrás que la falda de raso era más larga. Sabía que le sentaría genial, yo mismo le había cogido de la estantería para que se lo probase, y esperaba apoyado en la pared de enfrente mientras intuía por las sombras de las cortinas cómo Raquel se iba quitando la ropa para probarse el vestido. Entonces aparecieron dos chicas. Tendrían unos 16 años, iban riéndose a carcajadas y llevaban los brazos llenos de ropa para probar. Una era rubia, esbelta, seguramente la envidia de sus amigas y la otra más bajita y un pelín rellenita, con el pelo castaño y gafas finitas. Ambas vestían con vaqueros cortitos y camisetas de dibujos. Cuando pasaron enfrente de mí la chica con el pelo castaño se paró y le susurró algo en el oído a la otra. Esta se giró curiosa y supe entonces que me habían reconocido. Efectivamente se acercaron y me pidieron una foto, yo les dije que sí encantado y posé con una sonrisa con las dos. La chica rubia, más atrevida, incluso me pidió dos besos que yo le di, lo primero la educación. Cuando terminaron se apartaron un poco pero no se metieron en ningún probador. Eso me pareció extraño, ¿para qué llevaban entonces tanta ropa? Ellas seguían susurrando cosas y se reían, mientras de vez en cuando se atrevían a echar una nerviosa mirada a donde yo estaba. Yo todavía seguía sin entender nada cuando Raquel descorrió la cortina de un tirón y dio varias vueltas hasta acercarse a mí y preguntarme al oído qué tal le quedaba. Yo cogiéndola de la mano la aparte hacía atrás y le hice dar un par de vueltas, hasta acercarla otra vez hacía mí y susurrarle que era perfecto y que parecía hecho a medida. Ella se metió feliz en el probador, con la intención de comprar ese vestido, y no fue hasta entonces que me di cuenta de lo que había pasado, recordando aquella revista. Las chicas pensaban encontrarse en ese probador a Cristina, y por eso curiosas habían seguido esperando allí. Pero claro, ahora su cara mostraba una incredulidad completa al haber presentado mi escena con Raquel, en la que se veía claramente que no sólo podía ser mi amiga. Además Raquel era una desconocida, y eso la debía desconcertar más. Ellas también se dieron cuenta de que las había descubierto y salieron rápido hacia la salida de los probadores, dejando la ropa que llevaban en el carrito donde dejas la ropa que no te quieras llevar, ante una sorprendida dependienta que no entendía nada. Raquel salió en ese momento con el vestido en la mano y debió notar algo en mi cara porque me preguntó:

-¿Qué ha pasado? ¿Me he perdido algo?

Yo solo fui capaz de responder:

-Paga eso y vamos a tomar algo, creo que tenemos que tomar una decisión importante. –mientras decía esto, Raquel seguía sin comprender nada, pero debió de notar que no estaba bromeando, porque su rostro se puso serio. ¿Qué estaría pensando que quería decirle?

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