lunes, 29 de julio de 2013

CAPITULO 21


La tarde siguió entre risas, anécdotas y tonterías. Una vez los tres vimos que ya no teníamos problemas y que todo estaba dicho fue como si nada hubiese pasado. Nos sentamos en el salón de Cris y allí nos dejamos llevar por historias nuevas y antiguas, recuerdos y travesuras de la infancia. Me alegré de que Cris y Raquel consiguieran congeniar tan bien en tan poco tiempo. Es como si fueran amigas de toda la vida. Hubo un momento en el que empezaron a hablar de ropa y yo aproveche para ir al baño. Cuando volví no estoy muy seguro de qué estuvieron hablando, porque las dos se empezaron a reír como locas y a Raquel se le enrojecieron las mejillas cuando la miré. Ignoré de que podrían haber hablado y me reí con ellas.

Gracias a la improvisada tertulia descubrí cosas que nunca me imaginaría de Raquel, como que cuando apenas tenía trece años y eran fan incondicional de Bisbal, le persiguió desde el hotel hasta un restaurante donde fue a comer, y le esperó hasta que salió para pedirle una foto. Mientras lo contaba, mi risa iba aumentando de volumen, hasta que el ataque de risa fue tal, que acabe riéndome tumbado en el sofá, dando golpes con la mano a un cojín y a Raquel se le encendían otra vez las mejillas. Cuando se me pasó ella me hizo ver que estaba enfadada por haberme reído tanto, pero un simple beso la desenfadó. Cristina cada vez que ocurría una escena como esa nos miraba divertida, aunque con una mirada de añoranza, adiviné que ella también querría una relación así. Cuando nos quisimos dar cuenta de la hora, ya era muy tarde y casi estaba anocheciendo, Cris nos acompañó hasta la puerta para despedirnos. A ella ya se le había hecho ya muy tarde porque había quedado para salir y todavía se tenía que arreglar.

-Un placer –le dijo a Raquel mientras se daban un cariñoso abrazo- os deseo lo mejor, en serio. ¡Ah! Casi se me olvida –entonces fue corriendo a la cocina y volvió con un trozo de papel donde estaba apuntado un número- Raquel, aquí tienes mi número, ya sabes que para lo que quieras. –y dicho esto se volvieron a abrazar. Creí oír que Raquel le susurraba “Gracias” seguido de algo más que no entendí pero que provoco risas en ambas.

Cuando Cris se giró hacia mí, me dio dos besos y me susurró al oído “cuídala, ¿eh?”.  Esto mi hizo darme cuenta que si que se habían caído muy bien. Si es que Raquel es una chica única.

Al acabar todas las despedidas y que Raquel nos lanzase un beso desde la puerta gritando: “hasta otra, parejita”, bajamos las escaleras juntos. Yo llevaba a Raquel agarrada de la cintura con mi brazo izquierdo, y ella me agarraba a mí con su brazo derecho. Un beso al llegar al portal. Andamos hasta donde había aparcado el coche. Otro antes de subir. Una vez cada uno estuvo en su asiento, nos miramos. Es automático, los dos comenzamos a reír. Yo la miro inocente, aun que ella ya ha adivinado mis pensamientos, de todas formas me hago el loco y le pregunto:

-Bueno, ¿te llevo ya a casa? –ella se empieza a reír. Está preciosa cuando ríe a carcajadas, con su risa de campanillas.

-¿En serio, Martínez? –Dice mientras se quita las lágrimas que esta vez son de tanto reírse.- ¿Acaso no recuerdas cómo hacemos siempre las paces? –vuelve a sonreírme, ladeando la sonrisa, picarona y provocativa. Se muerde el labio, cosa que me vuelve loco.

-Está bien –esta vez yo también sonrío, arranco el coche y pongo dirección a mi casa. No tardamos ni cinco minutos en llegar.

Aparcamos y bajamos. Otra vez igual que antes, nada más bajar del coche nos besamos. Después en el portal, y así hasta llegar a la puerta de mi casa. Raquel que ya ha subido otras veces me coge de la mano y me lleva corriendo a la habitación. Apenas me da tiempo a cerrar la puerta de la fuerza con la que tira de mí. En el cuarto, se sube a la cama y, como si fuese una niña pequeña, empieza a saltar encima del colchón, descolocando la colcha y riendo a carcajadas. No se da cuenta que de los saltos el vestido sube y baja, dejando a la vista sus braguitas negras de encaje; o sí y lo hace a posta, provocándome. Yo no puedo evitar  reírme, esas cosas son las que me encantan de ella, que sea tan impredecible; niña y mujer a la vez. Entonces se acerca, todavía subida encima de la cama con el pelo alborotado y el vestido descolocado, a donde estoy yo y saltando enlaza sus piernas alrededor de mi cintura, quedándose subida encima de mí, con las manos agarradas a mi cuello. Yo la cojo de atrás para evitar que se caiga y sin darme tiempo ni a coger aire me besa con pasión, deseosa de llegar a más cuanto antes. Empieza a besarme en el cuello y yo me derrito con sus caricias. Con cuidado la tumbo sobre la cama y mientras me desabrocha el pantalón vuelvo a pensar que las reconciliaciones son lo mejor de las peleas.

sábado, 27 de julio de 2013

CAPITULO 20.

Vamos en mi coche dirección a Madrid, por la radio suena una canción, aunque ninguno de los dos presta atención a la música. Raquel mira por la ventana, buscando a saber qué entre imágenes difusas que pasan a toda velocidad. Yo sigo pensando si he tomado una buena decisión en que Raquel hable con Cris, pero es lo primero que se me ha pasado por la cabeza y lo he dicho sin pensar. De repente la canción que estaba sonando se para y el locutor del programa presenta una nueva canción. Es inevitable, en cuanto los dos reconocemos las primeras notas de la canción nos miramos. Se trata de ‘Vuelvo a verte’, la canción que bailamos el día que nos conocimos en el karaoke, ese día que parece tan lejano pero que en verdad es tan cercano, como la canción dice 'de amor se puede parar el tiempo'. Además, han pasado demasiadas cosas en una semana. Raquel canta bajito la canción mientras deja resbalar una lágrima por su mejilla. Sin quererlo la hemos convertido en nuestra canción. Seguimos en silencio, que solo se rompe por la música que sale de los altavoces hasta llegar al edifico de Cristina. Aparco y bajamos.
-Raquel, ¿puedes esperar un momento? Voy a avisarla por el telefonillo, que ni siquiera me ha dado tiempo de llamarla y decirle que veníamos.
-Está bien. –ahora Raquel estaba nerviosa, se le notaba. La verdad es que si veía el programa, conocer a Cristina será una cosa que le haría mucha ilusión. Claro, también es verdad que seguro que pensaba conocerla de cualquiera manera menos de esta.
Voy andando hasta el portero y llamo al piso de Cris, ¿y si no está en casa? Tarda en cogerlo y temo haber hecho el viaje para nada, pero de pronto su voz contesta por el intérfono.
-¿Sí?
-Oye Cris, que soy Dani.
-Vaya Dani, ¿qué haces aquí? No te esperaba. –Se nota que para ella ha sido una sorpresa agradable.- ¿Quieres subir?
-Sí, pero espera. ¿Recuerdas lo que me  dijiste en el parque de que querías conocer a Raquel? Pues hoy es el día.
-¿Hoy? ¿Y eso? –lo pregunta sorprendida, y que no se imagine el por qué me hace pensar que todavía no ha visto la revista, menos mal que se me ha ocurrido traerla, esto lo tenemos que hablar bien los tres.
-Ahora te explico arriba, ¿podemos subir los dos entonces?
-Si claro, subid. –y dicho esto un ruido mecánico indica que la puerta se acaba de abrir, acto seguido se oye como Cris cuelga el telefonillo.
Con un gesto le indico a Raquel, que está apoyada en el capó del coche, que se acerque y que entre dentro. Al llegar a mi lado y verme sujetando la puerta su mirada indica que no sabe qué tiene qué hacer. Pagaría por saber qué está pensando en estos momentos.
-No te preocupes, que Cris no muerde. Además, ¿no querías una segunda versión?
Llamo al ascensor. Me rio mientras subimos hasta el noveno y Raquel me mira extrañada. Ella nunca se imaginaría cuál es mi “fantasía”. Algún día se lo explicaré, pero hoy no es el momento ni el lugar. Llegamos al piso y abro la puerta del ascensor. Con un gesto le indico a Raquel que pase y le susurro al oído “las damas delante”. Ella se ríe, no sé si será de nervios, pero por lo menos ya no se la ve tan enfadada como antes. Al salir del ascensor, nos dirigimos a la puerta “C” y llamo al timbre. Una sonriente Pedroche nos abre la puerta y nos invita a pasar, no sin antes limpiarnos los zapatos en un felpudo de un pequeño poni. No puedo evitar que se me escape una carcajada, es la primera vez que lo veo. La doy dos besos y me aparto para poder presentar a Raquel, que esta escondida detrás de mí. Con la mano hago la correspondiente presentación.
-Raquel, Cristina. –digo señalando a Cris.- Cristina, esta es Raquel. –digo esta vez señalando a Cristina.
Cris es la primera en reaccionar y le da dos besos en la mejilla a Raquel mientras dice "encantada" y nos invita a pasar al salón, cerrando la puerta tras nosotros.
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Creo que la cabeza me va a explotar de todas las emociones contradictorias que siento ahora mismo: emoción, trsiteza, rivalidad, confusión, sorpresa, asombro... Soy como un coctel de emociones que en cualquier momento puede explotar.Y es que estoy en el salón de Cristina Pedroche, aquella que tanto me ha hecho reír con sus reportajes y que tanto he admirado, pero a la vez la veo como mi rival, como esa que me intenta quitar a la razón de mi felicidad. ¿Y cómo no verla como una rival? Lleva puesta una camiseta de algodón gris de ‘Los Ramones’, unos pantalones cortos negros y unas chanclas, con su melena negra recogida en una trenza, y aún así está preciosa. Ahora mismo estamos sentadas en el salón, Dani se ha ido a la cocina a por unas cervezas para todos y el silencio incómodo abarrota la habitación. Es ella quien empieza a hablar, rompiendo el hielo y moviéndose del sofá mientras se acerca más a mí.


-Me ha contado Dani cómo os conocisteis y no me puede parecer más romántico, estaba deseando conocerte. –lo dice sinceramente emocionada por ello, con una sonrisa sincera. Por lo menos una parte de la historia de Dani es cierta, le habló de nosotros.- Bueno, ahora que no nos oye, qué te parece, ¿eh? Es genial. –me dice con una sonrisa de oreja a oreja, dándome un codazo cariñoso en el brazo derecho.

-Sí, es perfecto. –no puedo evitar enrojecer y Cris se ríe. Dani todavía no le ha explicado la razón por la que estamos aquí y no entiende que no tenga muchas ganas de broma.

Suspiro aliviada cuando veo aparecer a Dani por la puerta del salón con los tres vasos en la mano, me sonríe y me da uno. Yo no dudo en pegarle un buen trago. Se sienta al lado mío y yo quedo en medio de los dos, como un sándwich. Dani le da el otro vaso a Cris y bebe del suyo. Entonces coge la revista que había dejado boca abajo en la mesita del salón y se la da a Cris. Al dársela tarda unos minutos en reaccionar y le mira sin saber qué hacer hasta que cae en que es para que la lea, cuando mira la portada, no tarda en cuadrar todo. Se levanta del sofá indignada y empieza a gritar.

-¿PERO ES QUE NO TIENEN VIDA? JODER. –se la ve alterada y eso me alivia inmensamente, ahora es seguro que no tienen nada. Eso o se le da muy bien actuar.- ¿Qué vamos hacer, Dani?- dice ahora más calmada y mirándole.

-Para eso hemos venido, queríamos hablarlo. –Dani me mira para indicarle a Cris que yo también estoy metida en todo esto, aunque todavía no sé de qué forma. Ella sí parece comprender a qué se refiere Dani.

 
-Entiendo… Claro, tú estás con ella, cosa por la que me alegro un montón. –dice esto sonriéndome, tranquilizándome con la mirada, diciéndome que entre ellos no hay nada de nada. ¿Entonces que otro problema hay? Yo no le veo.

-Claro, ahora mismo, bueno, si me ha perdonado. –Esta vez es Dani quien me mira, interrogante por saber mi respuesta. Todavía no había decidido que le iba a dar una respuesta, pero me salió sólo. Un silencioso “si” sale furtivo de mis labios, acompañado de un movimiento de cabeza, ¿cómo le iba a dejar escapar? Ahora tenía casi toda la certeza de que nada había pasado entre ellos y no querría estar ni un día más enfadada con él y con este dolor de cabeza que tenía ahora mismo. Me abraza y esta vez, un poco más fuerte le susurro “te quiero”, él también me susurra “te quiero”. Me mira a los ojos que otra vez están llorosos, aunque ahora de felicidad, y vuelve a hablar con Cris.- Bueno, visto que sí, que aquí la señorita ha decidido seguir aguatándome –le pego un suave puñetazo en el hombro, mientras me aguanto la risa y me muerdo el labio, pero él sigue hablando como si nada mientras Cristina ríe a carcajadas- tenemos que decidir una cosa. Raquel, -esta vez me mira a mi- ¿qué quieres que hagamos?
Yo sigo sin comprender nada, ¿a qué se refiere? Cris entiende mi confusión sin que yo articule palabra, es verdad que entre mujeres con una mirada de ayuda basta, y se adelanta a que yo pregunte.
-Lo que Dani quiere decir, es que si hacemos público que es mentira, dejaran nuestra historia en paz, pero a lo mejor vuelven a perseguir a Dani y esta vez le pillan contigo, y si te pillasen, ya no te dejarían en paz, no podrías pasar igual de desapercibida que ahora.
Después de la explicación de Cris entiendo todo. No había caído. Claro, me están diciendo que si hacen creer a los periodistas que ellos siguen juntos, a mí me dejaran en paz, pero si dicen ahora mismo vía Twitter que ellos no tienen nada, los paparazzis pueden tomárselo incluso como un desafío y si nos pillasen a mí y a Dani, no me dejarían en paz. Rectifico, no nos dejarían en paz. Tampoco sabemos cómo se lo tomarían los fans, a Cris la conocen pero, ¿y a mi? No creo que aceptasen que Dani saliese con una don nadie como yo.
-¿Entonces qué prefieres Raquel? –ahora es Dani el que me pregunta, interrumpiendo mis pensamientos, aun que Cris también me interroga con la mirada.
Me llevo las manos a la cabeza y cierro los ojos, la habitación me da vueltas. “Si no he bebido a penas cerveza” pienso. ¿Por qué es todo tan complicado? Vuelvo a abrir los ojos y doy la esperada respuesta.
-No digáis nada. Será mejor. –los dos me miran sorprendidos, ninguno esperaba que mi respuesta fuese esa.
-¿Estás segura? –me preguntó Dani, mientras me apretaba la mano.
-Claro que sí, me da igual qué piense la gente y si se divierten así, pues que estén felices. Seré yo quien haré esto. –y dicho esto le beso con ganas, después de tantos sentimientos en pocas horas y tanto lío en mi cabeza. Desconecto de todo excepto de su boca y veo por el rabillo del ojo cómo Cristina aparta la mirada y se rasca la cabeza mientras se ríe. Nos separamos y nos miramos a los ojos, otra vez brillantes de emoción.
-Bueno, charlemos y así nos terminamos las cervezas, ¿no? –nos invita Cristina, todavía divertida por la escena que acaba de presenciar.
-Claro. –responde Dani en seguida, mientras me acurruco contra él en el sofá, apoyada en su hombro, y Cristina, que seguía de pie, toma asiento en la butaca de enfrente. Entonces coge su cerveza y levantándola a lo alto dice:
-¡Un brindis por el amor! –y Dani y yo no dudamos en chocar las jarras mientras una sonrisa vuelve a ocupar nuestra cara.

CAPITULO 19


La vi salir del portal, seguía llevando el mismo vestido de flores y había hecho un intento por limpiarse el rímel de las mejillas. Yo también me restregué los ojos con la esperanza de eliminar lo evidente. ¿Cómo la podía haber cagado tanto? Maldita prensa rosa que lo fastidia todo, ¿y ahora qué hago? Lo primero será explicar todo a Raquel, y luego llamaré a Cristina para hablar de que si hacemos público que es falso lo que han publicado. Raquel llega hasta mí y en silencio, seria, se sienta a mi lado en el capó del coche.

-Adelante, puedes empezar a explicar todo. –me dice seria, sin levantar la mirada de sus botas. Se ve que exige la explicación y que no se va a andar con rodeos.

-Bueno, para que veas que no tengo nada que ocultar, te lo contaré con pelos y señales. Todo lo que pasó, todo lo que hablamos. Espero que sea suficiente. –y dicho esto empecé a narrar todo lo que paso desde que encontré a Cris en el lago de los patos.

*hace una semana, en ese parque*

Empezamos a caminar por el parque, Cris sonriente intentaba animar el ambiente y quitar tensión contando chistes malísimos. Yo me reía sin entender si quiera la gracia, mi mente estaba pensando en otra cosa. La verdad es que no podía parar de pensar en Raquel, ¿qué estaría haciendo? Me sentía mal al haberla engañado y que no supiese donde estoy de verdad. Pero no creo que lo entendiera muy bien. Debí de perder la mirada en el infinito mientras me dejaba llevar por mis pensamientos, porque Cris me pechizcó en el brazo.

-¡Oye! Si has quedado conmigo no será para quedarte embobado viendo las nubes pasar, ¿no? –entonces me mira a los ojos, sonriente, y su gesto cambia de golpe. Ahora está sorprendida y divertida. ¿Tendría algo en la cara? ¿Qué le ha hecho tanta gracia?- ¡Uy, Martínez! Tú estás distinto, ¿qué te pasa?

-No me pasa nada, será la falta de sueño. –digo riendo e imitando un bostezo, llevándome la mano a la boca. La verdad es que no sé muy bien a qué se refiere.

-No, no, yo sé lo que te pasa. –Entonces suelta una carcajada- Es obvio, Martínez. Esos ojitos, esa sonrisa tonta, ¿es una chica verdad? –y mientras lo dice me hace cosquillas en el costado, forzándome a decir la verdad. Intentando que le dé la razón. Yo no aguanto más y, como ella quería, lo suelto todo.

-Es verdad, es verdad. Hay una chica. Pero déjate ya de cosquillas, Pedroche.

-Está bien, está bien. –dice poniendo las manos en alto en señal de rendirse- pero sentémonos en algún sitio y me lo cuentas todo. -empieza a caminar dando saltitos, se ve que le divierte la situación.

Caminamos hasta encontrar un banco que está alejado, en un jardín lleno de rosas y en el que solo se oyen los ruidos de los pájaros. Otra vez vuelvo a pensar que no es el sitio adecuado para una tarde de amigos, aunque Cristina ya ha dado a entender que lo pasado, pasado está y ahora hasta se preocupa de mi vida amorosa. Además, su sonrisa no ha desaparecido en toda la tarde. Muchas veces envidié la capacidad para sonreír y para ver las cosas positivas que sólo ella posee. Me siento en el banco. Ella, antes de sentarse, limpia con las manos las ramitas que hay, no vaya a ser que se manchase sus Levi´s negros.

Empiezo a hablar y le cuento cómo se llama, cómo es, cómo nos conocimos. Me salto algunos detalles pero le cuento casi todo, ella asiente y sonríe, de vez en cuando se le escapa algún "ohh" y hace la forma de un corazón cuando acabo de contar todo, gritando "LOVE IS IN THE AIR". Yo la hago callar tapándole la boca y ella me muerde la mano, hago ver que me he enfadado, girándome y dándole la espalda. Ella me empieza a pegar en la espalda, dándome con el puño sobre la chaqueta de cuero negra. Cuando me giro, ya con una sonrisa y haciéndola entender que la farsa pasó, ella hace la pregunta que me lleva atormentando toda la tarde:

-¿Y qué piensa de que en tu tarde libre estés conmigo y no con ella? Qué buena es si te ha dejado venir aquí para arreglar todo conmigo.

Mi cara debió de expresar la negativa a esa pregunta y Cristina fue lista y ya no quiso saber más. Seguimos hablando de proyectos nuevos, ella me contó que hace poco había quedado con Moni y todo siguió con normalidad. Al final nos despedimos en el parking con dos besos, pero ella me hizo prometer que pronto le presentaría a Raquel, ella no sabía que eso sería dentro de demasiado poco cuando lo dijo, y cada uno se fue a su casa. Una vez en el coche recapacité en que ella no me había contado nada de que saliese con alguien y acerté a adivinar que seguía libre. Qué raro, pensé. Ella es una chica increíble, y ahora he conseguido volver a recuperar nuestra amistad. Sonreí.

*actualmente, enfrente de la casa de Raquel*

-Y eso es todo lo que paso. –Miré a Raquel, que todavía me miraba dudosa.- Es verdad que durante toda la tarde me sentí observado y en el parking vi a una chica con cámara de fotos que me llamó la atención. ¿Cómo iba a pensar que a quien hacía fotos era a nosotros? Pero mira, si quieres te las explico para que me creas.

Abrí la revista enfrente de Raquel, justo por las páginas 30-31, donde estaba el reportaje. Todo lo que ponía en el texto era inventado, la imaginación de la redactora de la revista mezclada con un poco de humor para entretener a adolescentes y mujeres en las peluquerías. Lo único real eran las cinco fotos: en una se nos veía caminar juntos, como dos amigos normales, esa era la menos comprometedora; en otra se veía como Cristina estaba encogida de la risa, sonriente a más no poder y yo también riéndome la miraba, seguramente fue con alguna tontería que dije mientras andábamos, ¿pero qué hay de malo en que dos amigos se rían juntos?; la tercera foto era de cuando nos sentamos en el banco, estábamos los dos juntos, Cris con las piernas cruzadas y yo con las piernas extendidas, mirándonos y hablando. Si la reportera se hubiese acercado más, hubiese descubierto que lo que le estaba contando a Cris era mi verdadera historia de amor actual; la cuarta fotografía era la que menos le gustó a Raquel, que lo expresó con una mueca de desagrado. En ella estábamos los dos más juntos que en las demás y Cris me pasaba los brazos por la cintura. La foto engañosa, parecía lo que no era ya que sólo se trataba de unas inocentes cosquillas que me estaba haciendo para sonsacarme qué me pasaba, ¿era raro que dos amigos se hiciesen cosquillas? ¿En qué mundo vivíamos?. En la última foto, la cual habían titulado “Y POR FIN BESO” y que hizo que a Raquel se le humedeciesen los ojos, se veía cuando nos habíamos despedido en el parking. El problema es que la foto, tomada a traición, no mostraban los dos besos que nos habíamos dado, como dos desconocidos cualquiera que se despiden, si no que estaba hecha justo en el momento en el que nuestras bocas estuvieron enfrente, separadas por milímetros. Y esos milímetros, debido a la mala calidad de la foto, no se podían apreciar, por lo que dos besos se habían convertido en un inocente pico que había removido todos los esquemas de la revista, pensando que habían pillado una nueva y verdadera exclusiva. Esta explicación de la última foto fue la que más le costó creer a Raquel, aunque al final se medio convenció. Cuando procesó toda la información y tomó fuerzas, por fin habló.

-¿Y de qué me sirve esta explicación, Dani? Está bien, te creo. Sé que no paso nada. A lo mejor soy tonta por creerte pero me ha convencido la historia. Aunque no entiendo una cosa, ¿qué haces saliendo conmigo?

-¿Qué? –no entendía la pregunta. Salía con ella porque la quería, porque estar separado de ella ahora se me hacía impensable, porque desde el primer segundo esos ojos verdes me conquistaron, porque ya no sabría que hacer sin sus besos.

-Pues eso, no sé, para mi salir con alguien es confiar plenamente en la otra persona, y tú no me quisiste contar lo de Cristina. No te digo que el mismo día que la viste, pero si en toda la semana, me lo podrías haber dicho…

-Si no te lo dije era para no hacerte daño… -hago un ademán de acercarme, pero ella se aleja. Por su cara se ve que sigue enfadada.- Tengo una idea, ¿no te fías de mi? A las chicas siempre os pasa que confiáis más en otras chicas.  Sube a mi coche, que te llevo a un sitio.

-¿Qué? ¿A dónde?

-A que una reportera morena te explique lo que pasó ese día.

miércoles, 24 de julio de 2013

CAPITULO 18


Entre casa dando un portazo, con lágrimas en los ojos y el corazón roto. Lucía se levanto corriendo al oír el ruido de la puerta y me encontró allí, sentada en el suelo, con la espalda apoyada en la puerta y la cabeza enterrada en los brazos. No tuve que decir nada, ella se agacho y se sentó junto a mí, pasándome su brazo por mis hombros y susurrándome que todo iria bien, que hubiese pasado lo que fuese no era el fin del mundo. No me atrevía a creer sus palabras, pero tenerla ahí, saber que por lo menos a alguien le importaba me hizo sentir bien. Tenía la certeza de que ella no me engañaría. Me levanté y ella me imitó y allí en el pasillo me volvió a abrazar. La verdad es que Lucía es una amiga increíble, por eso accedí a vivir con ella, y es que demuestra cada día lo buena persona que es. Hoy no ha hecho falta que supiese que pasaba, ni siquiera sabía que salía con alguien y me ha consolado porque le ha salido del corazón, porque ella es así, odia ver a la gente mal.

Después de darla un tímido gracias y aun con lágrimas en los ojos me voy a mi habitación. Ella lo comprende y me deja ir. Justo cuando me tiro en la cama, agarrada a mi gran oso de peluche y dispuesta a dejarme llevar por el sueño y las lágrimas, alguien toca el timbre. Lucía parece no querer abrir y quien sea que llama sigue insistiendo. Uno, dos, tres veces. Cada vez toca el timbre con menos paciencia y a mí se me clava el sonido como cristales en mi cabeza, que está hecha un lío y me duele a más no poder. Entonces oigo como Lucía, ya harta del timbre, abre la puerta. Arrastra los pies perezosa y coge las llaves del percherito que hay a la izquierda de la puerta. Al abrirla, parece que se pone a hablar con quien sea que haya llamado. “Seguro que es alguien que quiere vender algo, siempre son unos oportunos”, pienso, pero cuando oigo a Lucia gritar mi nombre, en mi mente se descartan todas las posibilidades y aparece solo una. Está claro quién es y no me apetece nada verle la cara, pero sé que Lucía ahora mismo estará flipando porque también era muy fan del programa y me tocará aclararle las cosas, asi que me levanto de la cama. Me miro en el espejo de mi cuarto para ver cómo estoy y me doy cuenta de que mi aspecto no puede ser peor: tengo los ojos rojos de las lágrimas y si eso no valía para indicar lo que había pasado, chorretes de rímel negro inundan mis mejillas. Intento arreglar un poco mi cara, pero es imposible fingir un atisbo de felicidad, pruebo a sonreír, pero no me sale. Me encamino hacia la entrada decidida y allí esta él. Creo que le pilla de sorpresa el verme asi, rota, tocada y hundida. Pero sobre todo creo que le sorprende que me haya decidido a salir. No le doy tiempo a decir palabra, según llego le empujo al descansillo y antes de cerrar con un portazo le digo:

-¡QUE NO QUIERO VERTE MÁS, JODER! –y tras ver su cara de asombro por última vez, las lágrimas vuelven a inundar mis mejillas. Sé que he sido injusta, que tendría que haberle dejado explicarse, como él dejo que yo explicase la historia de Héctor, pero hoy no podía oír nada. No me creería ninguna explicación y ni siquiera estoy segura de que me quedasen lágrimas por derramar si esa explicación tenia un final triste.

Me giro hacía Lucía, que sigue de pie en el pasillo y con cara aún más sorprendida que la de Dani. Es hora de explicarle todo, ella si se merece una explicación, así que le digo que se venga conmigo al salón. Se sienta en el sofá y yo cojo una silla, parecerá una tontería pero ahora soy incapaz de sentarme en ese sofá.  Lucía se acomoda poniendo los pies sobre la mesa y yo le empiezo a contar la historia, con pelos y señales. Todo lo que había pasado esa semana que ella no estaba, cómo le conocí, todo lo que hicimos, todo. A veces lágrimas traicioneras rodaban por mis mejillas al contar simples hechos como besos que ahora me parecían tan lejanos. Lucía atendió a la media hora que duró mi relato, pasándome clínex cuando me eran necesarios y asintiendo de vez en cuando. Terminé el relato con el titular de la revista, pues lo que venía después ella ya se lo conocía. Al terminar de contar todo, las lágrimas quise creer que ya se me habían agotado. Ahora era el turno para hablar de Lucía.

-Mira Raquel, -me dijo con su voz dulce, siempre intentando protegerme- después de lo que me has contado, de cómo te sentías con él. ¿Vas a tirar todo por la borda solo por una noticia que ni siquiera sabes que es real? Ya sabes como es ese tipo de prensa, que saca cosas donde no las hay. Yo que tu hablaría con él, si notas que te miente, entonces le mandas a la mierda por parte de las dos -esto me hace reír y parece que ver mi sonrisa también le alegra a ella- pero por lo que a mi me ha parecido cuando he abierto la puerta, él no ha hecho nada. Piénsalo y si me haces caso, pues mejor que mejor.

Así es Lucía, dando consejos siempre a la gente, no sé por qué no se decidió a estudiar psicología, sería buenísima psicóloga. Pero yo soy cabezota como la que más y sigo en mis trece de no creer nada.

-Lucía, ¿pero qué tengo que hacer? Si es verdad que han salido, ella es Cristina, ¿sabes? Su ex, de la que ha estado siempre enamorado, no tengo nada que hacer, ¡es que ni siquiera sé que hace saliendo conmigo! -esto último que he dicho, que me lleva rondando la cabeza todo el rato, me hace empezar a respirar con dificultad. La verdad es que soy muy propensa a ataques de ansiedad y me extrañaba que no hubiese tenido ninguno con todo lo que había pasado.

-A ver tranquilízate -me dice Lucía mientras se levanta y se pone a mi lado- Respira lento y atiéndeme. Tu lo has dicho, él estaba enamorado de Cris, ¿y ahora? Después de todo lo que te dijo en el coche, de la que está enamorado es de ti, Raquel. Y creo que eso no lo va a cambiar un simple encuentro que puede ser que ni llegase a ocurrir de verdad.

Puede que Lucía tuviese razón… Creo que me he precipitado sacando conclusiones. Intento calmarme y poco a poco mi respiración vuelve a ser normal. Ahora mismo necesito pensar, mañana veré qué hago. Vuelvo a estar en mi habitación, tumbada en la cama y todo me da vueltas. Qué mareo, aquí hace mucho calor. Corro a abrir las ventanas para ver si así entra algo de fresquito, y es aquí cuando le veo. Debajo de mi ventana, en el coche que hay justo enfrente está él, sentado en el capó y con la cabeza entre los brazos, igual que había estado yo cuando entré a casa dando un portazo. Si él se siente igual que yo me sentía, puede que no haya pasado nada en realidad, y me intento auto convencer de eso, de que soy muy paranoica a veces, de que me precipito sacando conclusiones. Y cogiendo todas mis fuerzas, intento un grito que al final se ahoga al decir su nombre, aunque es suficiente para que suba la cabeza y me vea. Los dos debemos tener un aspecto igual de asqueroso, porque nos reímos. Bueno, esbozamos una tímida sonrisilla. Él me hace un gesto para que baje y yo asiento. Creo que sí es hora de escuchar su versión, todo el mundo merece poder defenderse.

martes, 23 de julio de 2013

CAPITULO 17


Suena el despertador, me despierto con una sonrisa, feliz. Qué bonito poder sonreírle al día desde hace hoy ya más de una semana, ¿la razón? Él. Él, el que me hace la mujer más feliz del mundo. Él, que me come a besos. Él, que me ha robado el corazón en menos tiempo que nadie. Es increíble que ya llevemos juntos tanto y a la vez tan poco, pero la verdad es que es mucho más de lo que me podría haber imaginado nunca. Hemos conseguido vernos, aunque fuese una hora cada día, y hemos recirrido lugares desconocidos para uno de nosotros, perdiéndonos en un parque nuevo y solitario o besándonos cada vez que doblábamos una esquina.

Me levanto de la cama y me pongo las zapatillas de estar por casa. Son dos conejitos blancos, que tienen también dibujados una sonrisilla en los labios, ¿por qué me parece que contagio la alegría a todo lo que me rodea? No lo sé, pero es bonito. Camino hasta la cocina y allí me preparo un café bien calentito. La verdad es que para ser junio ya, está haciendo muy mal tiempo, aunque yo lo prefiero. El mal tiempo significa abrazos porque "tengo frío" o dormir más juntitos en la cama. Siempre he pensado que el mal tiempo es mejor para el amor. Suena la cafetera, el café está listo. Me siento en el sillón del salón con la taza en las manos. Allí está Lucía, mi compañera de piso, está sentada con las piernas encogidas, todavía en pijama como yo. Lleva su oscura melena recogida en una coleta alta y las gafas de pasta ya puestas. Volvió hace dos días pero todavía no le he contado nada de Daniel, ni se puede llegar a imaginar lo que pasó en ese sofá en el que ahora ella esta tumbada mientras ve Aída. Bonita es la paradoja de que estemos viendo Aída mientras él lo está rodando, esta casualidad me hace reír y Lucía se gira hacia mí.

-Hoy te has levantado de buen humor, ¿eh? -dice esbozando también una sonrisa.

-Sí, más contenta no puedo estar. No sé, hoy noto que nada puede salir mal. –pronto me daría cuenta de que no tenía razón.

Entonces empieza a sonar mi móvil desde la estantería del salón y la música de ‘Wanna Dance’ inunda toda la habitación. Es él. Corro a cogerlo y me voy a mi habitación, no es plan de que Lucía se entere de lo que hablamos. Cuando cierro la puerta de mi cuarto descuelgo. No me da tiempo a hablar, él se adelanta.

-¡Buenos días, preciosa! ¿Qué tal va la mañana?

-Genial, -sin quererlo me salió un bostezo- aunque me acabo de levantar.

-¿Te acabas de levantar? Si son las 11:00. Oye, estas cosas no se hacen para dar envidia, ¿eh? –hace ver que se ha enfadado, aunque en el fondo sé que se está aguantando la risa. Es increíble cómo le he llegado a conocer en tan poco tiempo.

-¿Y qué puedo hacer para que me perdones? –le digo con voz de niña buena, insinuante.

-Pueees, se me ocurren muchas cosas –ahora no ha podido evitar que la risa se le escapase- pero la más sencilla es dejar que te rapte. ¿Te parece bien en cuarenta minutos donde siempre?

-Está bien, me dejaré raptar. Aunque me da una pereza quitarme el pijama… -ahora me rio yo.

-Ponte mona, te veo en nada.

-Hasta ahora, te quiero. –y para despedirme le mandó un beso sonoro. Antes de colgar le oigo reírse por el otro lado de la línea.

Empiezo a revolver mi armario, ¿qué me pongo? Tampoco me puedo arreglar mucho, no tengo ni idea de adónde me va a llevar. ¿Tacones? Me gustaría, para no sentirme tan pequeñita al lado suyo, pero como me lleve a un parque… ¿Pantalones? No, hoy quiero ir muy femenina, quiero sentir que le conquisto a diario. ¡Ya está, esto es perfecto! Cojo las prendas del armario y las extiendo en la cama. Me quito el pijama y lo doblo con cuidado, dejando que el dibujo de Mickey quede justo por la parte que se ve al doblarlo. Lo meto debajo de la almohada. Me visto con cuidado y me miro en el espejo. Si, es perfecto. Un vestido de flores rojas y azules que acaba en un gracioso volantito blanco, las botas al estilo cowboy que tienen un poco de tacón y la chaqueta vaquera porque todavía refresca. Creo que valdrá para cualquier sitio que me lleve. En el cuarto de baño me hago una trenza y me doy un poco de rímel y gloss de cereza, como a él le gusta. Salgo de mi casa dando saltitos, feliz. Todavía faltan 20 minutos para que me venga a buscar, asique decido ir a dar una vuelta por el centro comercial. Ya sé, miraré que revistas hay, hace mucho que no leo cotilleos y eso me entretendrá hasta que venga. Bajo por las escaleras mecánicas y no puedo evitar fijarme en ese chico rubio que sube. Lleva una camiseta ajustada que hace que se le marquen los músculos que ha trabajado en el gimnasio. Al cruzarnos me sonríe y yo no puedo evitar sonrojarme, ¿por qué me habré fijado? Por dios Raquel, que estas saliendo ya con alguien, ¿crees que él haría esto? La verdad, no estoy segura. Nunca hubiese pensado que la respuesta la obtendría en cinco minutos.

Bajo de la escalera y camino hasta el puesto de prensa, al entrar saludo al tendero. Es un señor mayor, buena persona. Lleva trabajando en este puesto desde que yo me mudé y ya me conoce, por eso me deja ojear las revistas antes de comprarlas. Me dirijo a la sección de prensa rosa. Tampoco es que me guste marujear, pero siempre viene bien mantenerse informada. Cojo la Cuore, mi preferida. Nunca hubiese pensado que al leer los titulares me diese un vuelco al corazón, nunca hubiese imaginado que ver una foto doliese tanto, nunca se me habría pasado por la cabeza que esa revista fuese capaz de cabrearme tanto. Corrí al mostrador y pagué la revista al quiosquero, que me miraba sorprendido sin entender nada. Subí deprisa por las escaleras y avancé hacia la salida. Ni siquiera me fije en el chico de antes, que ahora hablaba con un amigo en la puerta. Tenía ganas de encerrarme en la habitación y no salir jamás. No podía estar ocurriendo esto. Rebusqué por el bolso en busca de las llaves, ¿Por qué siempre que tenía prisa desaparecían? Justo cuando las encontré, ya en la puerta del portal, alguien me abrazó por detrás. Reaccione deprisa en cuanto reconocí sus brazos y me escapé del abrazo. Me di la vuelta para mirarle, ya con los ojos llorosos, y él me miró sorprendido.

-Raquel… ¿qué te pasa?

-¿¡QUÉ QUE ME PASA? NADA CARIÑO, NADA. –y justo después de decir esto le lancé la revista a la cara y, más deprisa de lo que podía imaginar, entre al portal dejándole allí fuera con la revista en las manos.

Antes de subir me giré y vi su cara al leer el titular. Ese que había abierto la herida en mi corazón. Ese que ocupaba en negrita toda la portada, junto a la foto y que ponía: “OTRA VEZ PEDROCHE Y DANI, ¿LA DEFINITIVA?”

domingo, 21 de julio de 2013

CAPITULO 16.

Colgué el teléfono, estaba contento. La verdad es que no me esperaba que reaccionase tan bien a mi petición de quedar, pero me ha sorprendido. ¿El sueño tendrá razón y nos reconciliaremos? No es que acabásemos mal, pero desde entonces casi no hemos vuelto a hablar y la amistad desapareció. Es esa amistad la que yo quiero volver a recuperar. Ahora solo queda esperar para ver qué pasa esta tarde, he quedado con ella a las 17:00, en el parque de siempre. Ese parque donde compartimos tantos minutos, tantos besos, tantas emociones. Pero no, no pienso en eso, ahora estoy con Raquel, y la quiero. Ha revolucionado todo de arriba abajo y no la puedo dejar escapar. Por eso tendré que ser egoísta, no le puedo decir que he quedado con Cris, estoy seguro de que no lo entendería.

Vuelvo a entrar al Burguer. Raquel sigue en la misma mesa, apoya la cabeza sobre el brazo y me sonríe. La verdad es que es preciosa. El pelo largo y revuelto le cae por el hombro izquierdo como una cascada. Me acerco y la beso. Un beso suave y delicado, sin prisas. La cojo de la mano y la acompaño hasta casa.

-Bueno, ya hemos llegado… -dice Raquel, sin saber muy bien qué hacer.- ¿quieres subir?

Esto último lo dice picarona, poniéndome ojitos, esos ojitos que yo no puedo resistir. Pero he quedado y no me puedo permitir llegar tarde.

-Lo siento –dicho esto la beso- de verdad que lo siento. –la vuelvo a besar y ella se rie.- No me puedo quedar, tengo un compromiso muy importante. De verdad que no sabes lo que siento no poder subir. –y la vuelvo a besar, aunque este dura más que los anteriores.

-No pasa nada, si cada vez que te disculpas por no poder subir va a ser así, voy a querer que tengas más de un compromiso. –y suelta una pequeña risita.

-Pues si te ha gustado esto, prepárate para más. –entonces rompe a reír y yo la sigo. Reímos sin preocupaciones, sin que nos preocupe la gente que nos mire, como si sólo existiésemos nosotros dos.- Bueno, ahora sí que me tengo que ir –la vuelvo a besar, un corto y dulce piquito.- Lo siento otra vez, ya sabes que tienes mi móvil, para lo que quieras.

Me giro para irme hacia el coche, pero entonces noto que alguien me agarra del brazo y me hace girar. En un momento vuelvo a estar frente a ella, a pocos milímetros de sus labios. Nos miramos a los ojos. Ella se ríe y cuando nuestros labios casi se rozan me susurra: “te quiero” y me besa. ¿Cómo había podido estar sin escuchar un “te quiero” tan sincero tanto tiempo? ¿Cómo he vivido sin esos besos? ¿Cómo he aguantado sin grabar momentos como aquel en mi mente?

Camino en dirección al coche todavía pensando en Raquel. “Martínez, te estás obsesionando” me repite una vocecita en mi interior. ¿Y si no es obsesión? ¿Y si Raquel es la mujer de mi vida? Me rio solo de pensarlo. Si casi no la conozco. Por ejemplo, todavía no sé ni cuántos años tiene. ¿Eso es normal? Arranco el motor del coche, la radio se enciende y por los altavoces suena la dulce voz de Taylor Swift. La canción habla de amar, del amor. La dulce voz dice que amar es como conducir un Maserati nuevo, rápido, apasionado. Creo que tiene razón, amar es como conducir sin control y puede acabar de varias formas: que tengas cuidado reduzcas la velocidad y no pase nada, que sea todo un viaje aburrido y sin emoción; o que sigas acelerando, sintiendo la velocidad y la adrenalina y te acabes estrellando contra un muro y que de dicho accidente salgas muy mal parado; o hay una tercera posibilidad, seguir acelerando, tener suerte y esquivar el muro. El problema es que la tercera es la que todos quieren, pero es la que menos posibilidades tiene de ocurrir.

Pensando en esto llego al parque. No es muy grande y está alejado de todo. Me gusta menos que al que fui ayer con Raquel, pero este era donde veníamos Cris y yo. El de Raquel sólo lo ha conocido a ella. Pensando en esto vuelvo a sonreír. Pero bueno, este era el parque especial para nosotros. Para Cris y para mi. Donde nos perdíamos por sus rincones. Salí del coche y respiré el aire fresco, una suave brisa de primavera hacía moverse los árboles y las flores inundaban todo con su olor. ¿Quizá era todo demasiado empalagoso? Caminé tranquilo, sin prisa hacia un pequeño laguito que hay en el centro del parque, allí había quedado con ella. Miré el reloj, las 16:58. Puede que ya estuviese, siempre le gustaba llegar pronto. Salí de dudas en cuanto giré la calle y estuve de frente al lago. Apoyada en la barandilla, una chica morena miraba y hablaba con los patos. Se reía y su risa era lo único que se oía en ese espacio. La verdad es que estaba muy guapa, llevaba unos pitillos negros y una camisa rosa por la que se entreveía el sujetador negro, dejando poco a la imaginación. El pelo, suelto, le caía por los hombros suave y sedoso. Me acerqué despacio, sin hacer ruido. Cuando estuve justo detrás de ella, poniendo otra voz, como de señor mayor, le dije al oído:

-¿Sabes que los patos comen pato pero ellos no lo saben?

Dio un respingo y se giró. Tenía cara de susto, pero en cuanto me vio, esa cara cambió. Parecía entre enfadada y divertida. Me miró reprochadora mientras me decía:

-A las señoritas no se las asusta así, Martínez. Bueno, ¿dos besos como Dios manda, no? –Y sin darme tiempo a responder me plantó dos besos en la mejilla.- Me alegro de verte.

Seguía igual que siempre, con el mismo carácter y el mismo perfume, un perfume dulce y empalagoso, por el cual yo un día había perdido la cabeza. Pero su comportamiento era distinto, parecía que todo lo que pasó ya lo había olvidado, parecía que ella también había decidido empezar de cero. ¿O no? A veces las mujeres son muy difíciles de entender.