domingo, 4 de agosto de 2013

CAPÍTULO 22


Unos rayos de sol se cuelan inocentes por la ventana, pero son suficientes para despertarme. Al abrir los ojos, sonrió. Allí esta ella, apoyada en mi hombro. Duerme profundamente, segura entre mis brazos. Le acaricio el pelo con cuidado de no despertarla y dejo que sus suaves mechones se escurran por mis dedos. Ella sonríe y caigo en la cuenta de que ya estaba despierta, seguramente también espiándome mientras dormía. Agacho la cabeza y le doy un suave beso, dulce y cariñoso. Ella mueve la mano lentamente hasta acariciarme mi barbita de tras días.  

-Buenos días, dormilona -le susurro. Ella vuelve a sonreír, todavía con los ojos cerrados y me abraza más fuerte, enterrando su cabeza en mi hombro todavía más, como si quisiese escapar de la luz que acechaba tras la ventana. 

Viendo que no se despertaba empecé a hacerle cosquillas. Al principio no se inmutaba pero notaba como se mordía el labio para aguantar la risa, así que seguí. Al final termine ganando porque Raquel no pudo aguantar más y, abriendo los ojos, empezó a moverse y a reírse como loca en la cama. Para pararla me subí encima de ella cogiéndola de los brazos, sujetándola por las muñecas. Quedó inmovilizada debajo mío, con su cara, a la que le cubría su alborotado pelo, a pocos centímetros de la mía. Impulsiva, consiguió quitarse el pelo de la cara y me dio un rápido beso. Me deje llevar por el momento y Raquel, lista como es, aprovecho ese momento para rodar por la cama, escapando de mi y dejándome caer encima del colchón, donde hace unos segundos estaba ella. Le miré divertido, como si me hubiese enfadado y ella, usando la almohada para taparse ya que llevaba solo las braguitas puestas me sonrió divertida, retándome con la mirada. Antes de dejarme reaccionar, salió corriendo hacia el pasillo. Yo salí detrás de ella, pero no me dio tiempo a cogerla antes de que se encerrase en el cuarto de baño. Llamé a la puerta. Nadie me respondió, pero desde dentro escuchaba las risas de Raquel y su respiración agitada por la carrera. Debía está apoyada en la puerta para que no pudiese pasar. Entonces dije desde mi posición en el pasillo, agarrando el picaporte:

-Si no sales soplare y soplare y tu puerta derribare.

Volvieron a oírse risas detrás de la puerta de madera y acto seguido mi mano que todavía seguía sobre el picaporte descendió, lo cual indicaba que alguien estaba abriendo la puerta desde dentro. En seguida salió Raquel, que se abalanzó sobre mí para besarme, buscando mis labios con ganas. Sonreímos a la vez y nuestras miradas se unieron otra vez. 

-¿Desayunamos? -me preguntó divertida, mientras hacia un gesto tocándose la tripa, indicando que tenía hambre.

-A mi me vale con comerte a besos. -la respondí, y esta vez fui yo el que acercó su cabeza a la de ella para besarla, mientras le apartaba un mechón que todavía le caía rebelde por la cara.- Aunque también tengo hambre. -reconocí.

Nos separamos a regañadientes y mientras Raquel se lavaba la cara y se vestía, yo preparaba en la cocina unos huevos con bacon y zumo de naranja, todavía vestido con los calzoncillos de rayas que había usado como pijama. Cuando colocaba por último las tazas en la mesa, Raquel apareció por la puerta. Se había recogido el largo pelo castaño en una trenza que le caía lateral y no pude evitar reírme al ver que, otra vez, había cogido mi camiseta roja y la usaba a modo de vestido. Nunca se lo admitiré, y espero que ella no se haya dado cuenta, pero cuando me la devolvió fui incapaz de lavarla porque en ella todavía se conservaba su perfume. Se sentó en la silla, con las piernas cruzadas y me miro mientras se relamía y decía:

-¡Qué buena pinta tiene todo! Creo que me tendré que quedar aquí más veces para que me prepares el desayuno.

La verdad es que a mí no me importaba en absoluto, ya que solo se había quedado a dormir hoy y el primer día, el día que nos conocimos. Me reí mientras me sentaba también en mi silla, recordando lo que paso aquella noche, lo caprichoso que puede llegar a ser el destino. Se me hacia raro pensar que todo eso ocurrió hace una semana, y que apenas entonces éramos unos extraños. Ahora los dos estábamos más unidos, sabíamos más cosas el uno del otro, compartíamos más secretos. Algunos de aquellos secretos no los conocía nadie más. 

Desayunamos entre bromas y risas, como siempre. Raquel terminaba de beber su zumo cuando me pregunto:

-¿Y hoy no tienes que grabar nada de Aída?

Ahora ya me sentía más cómodo con ella como para hablar del trabajo, cosa que antes me costaba más y la verdad no sé por qué, así que le respondí tranquilamente:

-Sí, pero tengo que entrar a las 12:00 -mientras lo decía Raquel miraba hacia la pared que tenía detrás de mí y se reía. Me giré para ver qué le resultaba tan divertido y caí en seguida. Sólo tuve que mirar el reloj negro que estaba colgado en medio de la pared para darme cuenta de lo que pasaba, eran las 11:45. - ¡Mierda! Llego tarde. 

Empecé a recoger todo corriendo ante la atenta mirada de Raquel, ¿cómo he podido olvidar la hora? Si es que con ella no sé ni en qué día vivo. Recogía lo más deprisa que podía hasta que Raquel me dijo: 

-¿Quieres qué lo recoja yo? Tú vete tranquilo, que de todas formas hoy tenía que ir a Madrid por una entrevista de trabajo y no me importa coger el metro desde aquí. Vete. -y dicho esto me beso en los labios.

Yo no sabía qué hacer, pero tampoco tenía otra opción, no podía llegar tarde. Le di mil y una gracias a Raquel y fui a vestirme a toda prisa a mi cuarto. Cogí los primeros pantalones que vi, una camiseta cualquiera y me calce las Converses sin detenerme si quiera a atarlas. Rescate el móvil y las llaves de la mesilla y gritando un: ¡Te quiero! A Raquel cerré la puerta de casa y fui hasta el coche, dejando atrás en mi casa a la chica que quería, ahora lo tenía claro. ¿Cómo no me había dado cuenta antes? Creo que, excepto el día que discutimos en el coche, no le había dicho que la quería. Pero ahora lo sentía de verdad, sabía a ciencia cierta que nunca encontraría a alguien como Raquel.

1 comentario:

  1. MIRI MIRI MIRI. DIOS MÍO DE MI VIDA Y DE MI CORAZÓN. HAS VUELTO PISANDO FUERTE.

    Jo, me encanta que ya le haya dicho que la quiere y todo todo. SIGUIENTE.

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