Suena el despertador, me despierto con una sonrisa, feliz.
Qué bonito poder sonreírle al día desde hace hoy ya más de una semana, ¿la
razón? Él. Él, el que me hace la mujer más feliz del mundo. Él, que me come a
besos. Él, que me ha robado el corazón en menos tiempo que nadie. Es increíble
que ya llevemos juntos tanto y a la vez tan poco, pero la verdad es que es
mucho más de lo que me podría haber imaginado nunca. Hemos conseguido vernos,
aunque fuese una hora cada día, y hemos recirrido lugares desconocidos para uno de
nosotros, perdiéndonos en un parque nuevo y solitario o besándonos cada vez que
doblábamos una esquina.
Me levanto de la cama y me pongo las zapatillas de estar por
casa. Son dos conejitos blancos, que tienen también dibujados una sonrisilla en
los labios, ¿por qué me parece que contagio la alegría a todo lo que me rodea?
No lo sé, pero es bonito. Camino hasta la cocina y allí me preparo un café bien
calentito. La verdad es que para ser junio ya, está haciendo muy mal tiempo,
aunque yo lo prefiero. El mal tiempo significa abrazos porque "tengo frío" o dormir más juntitos en la cama. Siempre he pensado que el mal tiempo es mejor para el amor. Suena la cafetera, el café está listo. Me siento en el sillón del salón con la taza en las
manos. Allí está Lucía, mi compañera de piso, está sentada con las piernas encogidas, todavía en pijama como yo. Lleva su oscura melena recogida en una coleta alta y las gafas de pasta ya puestas. Volvió hace dos días pero
todavía no le he contado nada de Daniel, ni se puede llegar a imaginar lo que
pasó en ese sofá en el que ahora ella esta tumbada mientras ve Aída. Bonita es
la paradoja de que estemos viendo Aída mientras él lo está rodando, esta
casualidad me hace reír y Lucía se gira hacia mí.
-Hoy te has levantado de buen humor, ¿eh? -dice esbozando también una sonrisa.
-Sí, más contenta no puedo estar. No sé, hoy noto que nada
puede salir mal. –pronto me daría cuenta de que no tenía razón.
Entonces empieza a sonar mi móvil desde la estantería del
salón y la música de ‘Wanna Dance’ inunda toda la habitación. Es él. Corro a
cogerlo y me voy a mi habitación, no es plan de que Lucía se entere de lo
que hablamos. Cuando cierro la puerta de mi cuarto descuelgo. No me da tiempo
a hablar, él se adelanta.
-¡Buenos días, preciosa! ¿Qué tal va la mañana?
-Genial, -sin quererlo me salió un bostezo- aunque me acabo
de levantar.
-¿Te acabas de levantar? Si son las 11:00. Oye, estas cosas
no se hacen para dar envidia, ¿eh? –hace ver que se ha enfadado, aunque en el
fondo sé que se está aguantando la risa. Es increíble cómo le he llegado a
conocer en tan poco tiempo.
-¿Y qué puedo hacer para que me perdones? –le digo con voz
de niña buena, insinuante.
-Pueees, se me ocurren muchas cosas –ahora no ha podido
evitar que la risa se le escapase- pero la más sencilla es dejar que te rapte.
¿Te parece bien en cuarenta minutos donde siempre?
-Está bien, me dejaré raptar. Aunque me da una pereza
quitarme el pijama… -ahora me rio yo.
-Ponte mona, te veo en nada.
-Hasta ahora, te quiero. –y para despedirme le mandó un beso
sonoro. Antes de colgar le oigo reírse por el otro lado de la línea.
Empiezo a revolver mi armario, ¿qué me pongo? Tampoco me
puedo arreglar mucho, no tengo ni idea de adónde me va a llevar. ¿Tacones? Me
gustaría, para no sentirme tan pequeñita al lado suyo, pero como me lleve a un
parque… ¿Pantalones? No, hoy quiero ir muy femenina, quiero sentir que le
conquisto a diario. ¡Ya está, esto es perfecto! Cojo las prendas del armario y las extiendo en la
cama. Me quito el pijama y lo doblo con cuidado, dejando que el dibujo de
Mickey quede justo por la parte que se ve al doblarlo. Lo meto debajo de la almohada.
Me visto con cuidado y me miro en el espejo. Si, es perfecto. Un vestido de
flores rojas y azules que acaba en un gracioso volantito blanco, las botas al
estilo cowboy que tienen un poco de tacón y la chaqueta vaquera porque todavía
refresca. Creo que valdrá para cualquier sitio que me lleve. En el cuarto de
baño me hago una trenza y me doy un poco de rímel y gloss de cereza, como a él
le gusta. Salgo de mi casa dando saltitos, feliz. Todavía faltan 20 minutos
para que me venga a buscar, asique decido ir a dar una vuelta por el centro
comercial. Ya sé, miraré que revistas hay, hace mucho que no leo cotilleos y
eso me entretendrá hasta que venga. Bajo por las escaleras mecánicas y no puedo
evitar fijarme en ese chico rubio que sube. Lleva una camiseta ajustada que
hace que se le marquen los músculos que ha trabajado en el gimnasio. Al
cruzarnos me sonríe y yo no puedo evitar sonrojarme, ¿por qué me habré fijado?
Por dios Raquel, que estas saliendo ya con alguien, ¿crees que él haría esto?
La verdad, no estoy segura. Nunca hubiese pensado que la respuesta la obtendría
en cinco minutos.
Bajo de la escalera y camino hasta el puesto de prensa, al
entrar saludo al tendero. Es un señor mayor, buena persona. Lleva trabajando en
este puesto desde que yo me mudé y ya me conoce, por eso me deja ojear las
revistas antes de comprarlas. Me dirijo a la sección de prensa rosa. Tampoco es
que me guste marujear, pero siempre viene bien mantenerse informada. Cojo la
Cuore, mi preferida. Nunca hubiese pensado que al leer los titulares me diese
un vuelco al corazón, nunca hubiese imaginado que ver una foto doliese tanto,
nunca se me habría pasado por la cabeza que esa revista fuese capaz de
cabrearme tanto. Corrí al mostrador y pagué la revista al quiosquero, que me miraba
sorprendido sin entender nada. Subí deprisa por las escaleras y avancé hacia la
salida. Ni siquiera me fije en el chico de antes, que ahora hablaba con un
amigo en la puerta. Tenía ganas de encerrarme en la habitación y no salir
jamás. No podía estar ocurriendo esto. Rebusqué por el bolso en busca de las
llaves, ¿Por qué siempre que tenía prisa desaparecían? Justo cuando las
encontré, ya en la puerta del portal, alguien me abrazó por detrás. Reaccione
deprisa en cuanto reconocí sus brazos y me escapé del abrazo. Me di la vuelta
para mirarle, ya con los ojos llorosos, y él me miró sorprendido.
-Raquel… ¿qué te pasa?
-¿¡QUÉ QUE ME PASA? NADA CARIÑO, NADA. –y justo después de
decir esto le lancé la revista a la cara y, más deprisa de lo que podía
imaginar, entre al portal dejándole allí fuera con la revista en las manos.
Antes de subir me giré y vi su cara al leer el titular. Ese
que había abierto la herida en mi corazón. Ese que ocupaba en negrita toda la
portada, junto a la foto y que ponía: “OTRA VEZ PEDROCHE Y DANI, ¿LA
DEFINITIVA?”
Miri, mueres. O sea, esto no lo puedes hacer a una lectora tuya que es Crisda, ¿sabes? Ay, joer... Que me emosiono enseguida...
ResponderEliminarMe da penita Raquel, pero jo, ¡son solo unas fotos de nada! Que son amigos.. (ojalá no lo fueran #venaCrisda)
"Él, el que me hace la mujer más feliz del mundo. Él, que me come a besos. Él, que me ha robado el corazón en menos tiempo que nadie." -> ¡¡¡Me muero de amoooorr!!!
"gloss de cereza, como a él le gusta." -> Grrr.... JAJAJAJA
¡Va, siguiente! ¡No puedes dejar así los caps, eh!