viernes, 14 de junio de 2013

CAPITULO 7


Que sueño tenía. ¿Dónde estaba? Esta no era mi casa… Entonces me vinieron recuerdos de la noche pasada: estaba con mis amigas en un karaoke, pero me había encontrado con un chico y había tonteado un poco con él, ¿ahora estaba en su casa? Oí ruidos de una ducha que me confirmaron que efectivamente, no estaba sola. ¿Qué hora sería? Mire mi reloj de pulsera: las 10:35. Era pronto… qué pereza me daba salir de la cama, aunque todavía llevase puesto el vestido de la noche pasada.

Oí como la ducha cesaba y se abría la puerta del cuarto de baño. Distinguí las pisadas acercándose al cuarto en el que yo estaba y decidí que lo mejor sería hacerse la dormida. Cuando noté que Dani ya estaba dentro de la habitación, me permití espiarle con un ojo. Llevaba una toalla alrededor de la cintura y el torso sin camiseta. Le observé mientras rebuscaba en sus cajones en busca de algo, hasta que sacó una camiseta de algodón azul marino. Llevaba el pelo graciosamente desaliñado, de esa forma tan graciosa que se les queda a los chicos después de mojárselo. Estaba perdida en cada mechón de su pelo, cada trazo de su piel, que casi me pilla observándole cuando él se giró. Noté que me observaba y que, poco a poco abandonaba la habitación.

Me quedé en la cama tumbada pensando en la noche pasada, la veía borrosa. Recordaba nuestro choque en la barra, la charla en la mesita, cómo sus labios rozaron los míos por primera vez en la pista de baile con Malú y Pablo sonando de fondo, pero a partir de llegar a su casa solo recordaba besos, pasión y… no conseguía recordar lo que paso. ¿Llegamos a hacer algo? ¿Por qué él no había dormido conmigo? No entendía muchas cosas por la falta de detalles y me empezaba a doler otra vez la cabeza cuando un agradable y mañanero olor a café me encandiló. Qué amor, me estaba preparando el desayuno.

Decidí que ya era hora de levantarse, pero no podía salir a su encuentro con estas pintas, pensé mientras observaba mi vestido rosa, que estaba arrugado y sudoroso. Me tomé la libertad de buscar en sus cajones y cogí una camiseta de algodón como la que había cogido él, solo que de color roja con unos dibujos en blanco. Al ser yo más bajita, la camiseta me venía como un minivestido, muy sexy. Estaba segura de que le encantaría. Y así, descalza y con una camiseta suya que, por cierto, olía a su perfume cosa que me enamoraba, salí a su busca por una casa que no conocía. Aunque la verdad es que fue fácil de encontrar, porque nada más abrir la puerta que separaba las habitaciones del salón, allí estaba él. Me esperaba con una sonrisa de oreja a oreja, esa perfecta sonrisa que se me había grabado en la mente y que no había salido de mi cabeza en toda la noche, y con una mirada que expresaba duda. No sabía cómo iba a responder. La verdad es que yo tampoco sabía muy bien qué hacer. Pero mi cuerpo reaccionó antes que mi cerebro y se lanzó a sus brazos. Él me recibió sorprendido, pero al igual que mi cuerpo, el suyo tampoco tardó en reaccionar y nuestras bocas se juntaron como si de dos imanes se tratasen. Parecíamos más una pareja que llevaban meses separados que dos, ¿dos qué? En realidad éramos dos desconocidos que se besaban. Sólo dos personas que habían coincidido en un karaoke, pero que habían encajado como dos piezas de un puzle. Que parecían predestinados  el uno para el otro. Como hechos a medida. ¿Y por qué decía esto? Apenas le conocía… Pero solo podía pensar en que era el hombre de mi vida mientras su lengua jugaba con la mía.

Cuando nos separamos, nos miramos a los ojos. ¿Por qué tendría unos ojos tan perfectos? Esos ojos verdes que me cautivaban, me hacían flotar y me hacían abandonar el universo. “Raquel, concéntrate, estas quedando como una boba” me dije.

-Bueno, ¿tendrás hambre, no?-se atrevió a romper el silencio él.

No me dio tiempo a responder, mi estómago lo hizo por mí. Él se rió y yo enrojecí al minuto de vergüenza. La verdad es que la noche pasada el alcohol me envalentonó mucho, pero yo era súper tímida, y esas cosas me superaban.

Llegamos a la cocina y me descubrió el banquete, un plato lleno de fruta, otro de galletas y bizcochos, café y zumo. Dios, este chico estaba en todo. Caballerosamente me ofreció una silla y yo me senté, cruzando las piernas para que su larga camiseta no dejase al descubierto mis braguitas rosas de encaje. ¿Por qué ahora era tan pudorosa? ¡Si todavía no sabía ni lo que había llegado a hacer anoche!

Cogí unas pocas cerezas del plato de la fruta, la verdad es que agradecía que hubiese fruta porque con la operación bikini, aunque las galletas pareciesen muy tentadoras no se podían permitir. Fue él otra vez el que rompió el incómodo silencio:

-Mira que tengo camisetas y has cogido mi favorita. Pero oye, que te queda mejor a ti.-me dijo mientras me guiñaba el ojo

Otra vez enrojecí. “Torpe, torpe” pensé. Contéstale, no vaya a pensar que te ha comido la lengua el gato mientras dormías.

-Gra..Gracias- dije entrecortadamente. ¿Qué me pasaba? “No, Raquel, asi no vas a ningún lado. Venga ese valor arriba” pensé para mí misma- Oye Dani, sé que suena raro pero, ¿qué pasó anoche?

Como respuesta obtuve otra de sus carcajadas, esta vez más escandalosa. Mis mofletes volvieron a coger color. ¿Por qué hacía eso?

-¿Quieres la verdad o una historia que me invente?- dijo entre risas, picándome. Y al ver que volvía a enrojecer y cruzaba los brazos como una niña enrabietada, me beso en la frente y me susurró- Estás preciosa cuando te sonrojas.

Tenía ganas de gritar. Qué desesperación. ¿Tan malo fue lo que pasó anoche? ¿Hasta dónde llegamos? AH.

-Dani… por favor, lo necesito saber.

-Bueno, la verdad es que te quedaste dormida. El alcohol no te sienta muy bien, ¿eh?

Ay mi madre. ¿Me quedé dormida? Ahora me sentía avergonzada. Pobrecillo.

-Ay, no sabes lo que lo siento.- dije, y la verdad es que estaba siendo muy sincera.

-No pasa nada, Raquel-me dijo volviéndome a guiñar el ojo y volviéndome a matar de amor en el acto- Ahora desayuna, que tengo una cosa preparada. Claro, si te apetece confiar de nuevo en este extraño.

No contesté, ¿qué locura se le habría ocurrido? La verdad es que me esperaba cualquier cosa.
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1 comentario:

  1. ¡Por partes!

    ¡Me encanta mucho mucho mucho el cap! Ya sé yo de qué sonreía Raquel, ya... Claaaaro, de ver a Dani sin camiseta y con una toalla, nada más. ¡Qué pícara! Jajajajaja

    Me encanta el momento en el que coge la camiseta de Dani y se la pone y sale con ella solo. Me encanta mucho, mucho.

    "-Mira que tengo camisetas y has cogido mi favorita. Pero oye, que te queda mejor a ti.-me dijo mientras me guiñaba el ojo" -> Jops, qué bonito es Dani, en serio. Me muero mucho mucho mucho de amor.

    Y cuando ella le pregunta si habían hecho algo más y se sonroja y todo eso, es taaaaan kdnnsdkjnd. ¡Me encanta! Jajajja

    "-¿Quieres la verdad o una historia que me invente?- dijo entre risas, picándome. Y al ver que volvía a enrojecer y cruzaba los brazos como una niña enrabietada, me beso en la frente y me susurró- Estás preciosa cuando te sonrojas." -> Hubiera molado leer la historia que se hubiera inventado... Jajajajajajaja. Y el besito en la frente y el susurro... Akjfnaskdjasdnsd. ¿Vale? Pueeh' valeeh'. Jajajjaaj.

    Despertar y ver que hay cap es de lo mejorcito, ts. ¡Me encanta mucho!

    Ah, y me gusta que narren los dos!! Así tenemos un punto de vista masculino, por Daniel y femenino, por Raquel.

    ¡AH! Que se me olvidaba, cuando salió al salón y se besaron fue súper súper tierno, en serio. Y cuando ella se quedó mirando los ojazos de Dani también!!

    ¡Quiero el siguienteee!

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