Terminé de mandar el Whatsapp y guardé mi IPhone en el
bolsillo de los vaqueros, la simple idea de que dentro de media hora la
volvería a ver me hacía tener una sonrisa de oreja a oreja. Me despedí de mis
compañeros y salí del plató, fui hasta el parking donde estaba mi coche
aparcado, lo abrí y me monté dentro. Justo al arrancar el motor mi móvil sonó,
alguien me acababa de responder al Whatsapp y estaba seguro de quién sería. Me
reí al ver que había acertado con mis suposiciones, era Raquel:
Ok, yo ya estoy
preparada, tu estas tardando ;) Te quierooo.
Junto con el
mensaje adjuntaba una foto de ella en su salón lanzándome un beso, la guardé en
mi móvil, no tenía ninguna suya. Arranqué el coche y me puse dirección a su
casa. Por los altavoces sonaba a todo volumen ‘Love of Lesbian’. Esta vez no me
perdí en el camino a su casa, aunque tardé en aparcar. Fui a su portal, el 11.
Llamé al telefonillo y en seguida contestó esa dulce voz que reconocí al
segundo:
-¿Quién es?
-El coco –respondí.
-Qué tonto –dijo
ella riéndose- ¿Subes o bajo?
-Lo que tú
quieras, ¿has comido?
-La verdad
es que no, estaba comprando cuando me lo preguntaste y te he esperado. No te
voy a mentir, me muero de hambre.
-Entonces
baja y llévame a un sitio de por aquí que den de comer.
-Voy
volando.
No tardó ni
cinco minutos en abrir la puerta. Estaba preciosa, con una falda vaquera que realzaba sus piernas y unas Converses verdes exactamente iguales que las que tenía yo en casa, iba peinada con una coleta a un lado, lo que hacía que sus ojos luciesen más. En cuanto salió, se lanzó a mis brazos y
se agarró mi cuello. Nuestros labios se juntaron como si nunca se hubiesen
separado, demostrando que querían permanecer así siempre. Cuando el beso
terminó no miramos a los ojos, observé esos ojos que hacía apenas dos días me
habían conquistado. Como cambian las cosas en tan poco tiempo, ahora esos ojos
que antes eran desconocidos me habían revelado secretos nunca contados.
Caminamos cogidos de la mano, en parte me alegré de que nadie me reconociese, no
quería que me molestasen hoy, quería disfrutar del día con Raquel.
Llegamos a
un centro comercial y entramos por las puertas correderas de cristal. Dentro no
había mucha gente y Raquel me condujo hacia la izquierda, nos paramos enfrente
de la puerta del Burguer King.
-¡Tachán!
Bienvenido al mejor restaurante de todo Fuenlabrada –dijo mientras movía los
brazos exageradamente.
Yo no pude
evitar reírme, me encantaba su sentido del humor. La cogí de la cintura y la apreté
contra mi cuerpo mientras le decía:
-Oye, no te
metas con el Burguer, que a mí me gusta. -ahora era ella quien reía.
Entramos, el
local no era muy grande y, al igual que el centro comercial, estaba casi vacío.
Sólo había un grupo de amigos sentados en una mesa redonda que reían descontroladamente y una pareja sentada
en unos sillones al fondo. Fuimos al mostrador a pedir: dos menús BigMac con
Coca-Cola y patatas. Decidimos sentarnos en una mesa al lado de los columpios
infantiles, lejos de las otras mesas ocupadas. Mientras mojaba una de sus patatas
en kétchup, Raquel me pregunto:
-Bueno, ¿y
qué tal el día? ¿Mucho trabajo? –a lo que añadió una sonrisa sincera.
Yo me reí,
de verdad que era una caja de sorpresas esta chica. Primero te hacía una gracia y luego se ponía a interrogarte como si de tu madre se tratase.
-¿Ahora te
has convertido en mi madre? –pregunté divertido.- Pues como siempre, muchas tomas
y con sueño por el madrugón.
Seguimos la
comida en silencio, no sé si la habría molestado mi respuesta o si es que algo
le rondaba por la cabeza. Cuando terminó su hamburguesa, volvió a mirarme
fijamente a los ojos. Los suyos parecían estar llorosos, indecisos, dolidos. No
pude evitar preguntar, me preocupaba qué le podía haber pasado:
-Raquel,
¿qué te pasa? ¿Por qué estas así? ¿Ha sido la respuesta de antes? No he querido
sonar borde…
Y sin saber
por qué, rompió a llorar. Yo me cambié de sitio y fui a su lado, la cogí de los
hombros, acercándola a mi pecho y acunándola, en un intento de calmarla.
-Raquel…
Raquel… Si no me dices lo que te pasa no te voy a poder ayudar. Venga,
cuéntamelo –le susurré.
Por fin ella
se calmó un poco, se quitó las lágrimas de los ojos y consiguió, balbuceando, responderme:
-Pues… Pues…
Es que lo… lo que estado pensando to… toda la mañana. Dani –ahora me miraba con
los ojos todavía llenos de lágrimas- ¿qué va a pasar con nosotros?
-No te
entiendo, ¿a qué te refieres? –pregunté confuso.
-Pues… que
tú eres quien eres, y yo no soy nadie. La verdad, me asombra que hayamos durado
más que anoche juntos. Dani, no soportaría que un día por las buenas
desaparecieses de mi vida, y sé que puede sonar egoísta, pero esto es así.
La apreté
más fuerte contra mi pecho y la besé en la cabeza mientras le decía:
-¿Tú crees
que ahora yo sería capaz de dejarte tirada? Muy mal concepto tienes de mí. -Se
rió, eso era buena señal, así que proseguí con el discurso- Puede que a veces
sea complicado quedar, que nos paren cuando paseemos o hasta que nos hagan
fotos, pero en todo caso, quien tendrías que dejarme serías tú. Raquel, ya te
conté en el coche que por mucho que quisiese, no podría olvidarte. Y ahora lo
que no quiero es ver cómo estas mal, me rompe el corazón. Quiero ver en tu cara
una sonrisa siempre, ¿vale?
Para afirmar
que había comprendido lo que había querido decir, me besó. Cada vez que sentía
sus labios fundirse con los míos era como si sintiese pequeñas descargas
eléctricas. Esta vez nuestros labios se tuvieron que separar porque mi móvil
había empezado a vibrar. “Maldito oportuno” pensé.
-Lo siento
Raquel, tengo que contestar.
-Si, si,
corre, yo no me muevo de aquí –me dijo sonriendo, con el rímel todavía corrido
por las lágrimas de antes.
Me dirigí
fuera del local antes de contestar, pero el móvil seguía sonando, quién
quiera que fuese quien estaba llamando era insistente. Cogí el teléfono, no
me imaginaba quién podría ser, pero cuando miré la pantalla todo cuadró. Habría
recibido el mensaje que le había enviado por la mañana y por eso me llamaba. Me
preparé lo que iba a decir, quería quedar con ella para arreglar todo. La
verdad es que me hacía mucha ilusión volver a ver que me llamaba “Pedroche
Movil”.
saidfabsfiuasbfiusaf eso de "-Entonces baja y llévame a un sitio de por aquí que den de comer." Me a sonado muy de él jajaja (Avísame por twitter cada vez que subas cap que no me entero) xD
ResponderEliminarSiguienteeee *-*
Bueno, bueno, bueno!!! Lo leí anoche y te comento ahora, ¿sabes? Jajajajaja
ResponderEliminarQue sepas que me ha encantado también!!!
"-¿Quién es?
-El coco –respondí.-" JAJAJAJAJAJA, Puto Dani, tío, qué risaaaa!!! Me declaro fan fan fan. Cuando llame a algún telefonillo lo voy a decir. Me voy a quedar con la peña, yeah!!
Ay, lo de Pedroche... No me hagas esto, Miri... Que sabes que soy Crisda!!!
Quiero el siguiente!!