Entramos a su pequeño portal entre besos robados y caricias.
Subimos por las escaleras hasta su casa porque vivía en un primero. Cerramos la
puerta mientras los besos seguían.
Nos dirigimos al salón y nos tumbamos en el sofá. Cada vez
nos besábamos con más deseo, los dos sabíamos a dónde queríamos llegar. Ella
empezó a desabrocharme la camisa mientras yo iba sacando mi camiseta de su
cuerpo. La besé el cuello y fui bajando hacia su pecho. Ella me revolvía el
pelo. Llevé mis manos detrás de su espalda y, torpemente, desabroché su
sujetador rosa de encaje. Los besos seguían, empezaban los jadeos y cada vez
teníamos más ganas el uno del otro. Desabroché mi pantalón y ella se quitó el
suyo, los dos volaron por los aires.
No me creía que por fin estuviese
llegando ese momento. Nos dejamos llevar por la pasión, besé hasta el último
centímetro de su piel. Nos desprendimos de las últimas prendas que nos quedaban
y, por fin, terminamos lo que la otra noche empezamos.
Nos quedamos dormidos, abrazados y
con una sonrisa en la cara. Esa noche no soñé nada, sólo era completamente
consciente del sentimiento de felicidad que recorría todo mi cuerpo. Yo me
desperté antes que ella y la observé, estaba hermosa. Su alborotado cabello
moreno le cubría graciosamente la cara y respiraba tranquila, feliz; se veía
que estaba profundamente dormida. Pasé mi brazo alrededor suyo y volví a
dormirme abrazado a ella, protegiéndola. No quería separarme jamás de su lado,
así era feliz. ¿No existe la opción de congelar un momento y vivirlo una y otra
vez? Porque yo congelaría este preciso momento. En seguida me quedé dormido
otra vez, con mi cara apoyada en su pelo, oliendo su perfume.
Volví a despertarme, pero esta vez
por el sonido de la alarma de mi móvil que sonaba desde el bolsillo de mis
vaqueros que estaban todavía tirados en el suelo. Corrí a apagarla, no quería
despertar a Raquel.
Hoy tenía grabación y ya debería
empezar a arreglarme, pero no me apetecía. Quería volver a pasar un día tan
genial como el de ayer con Raquel, exceptuando la pelea del final, aunque
contando la reconciliación posterior. Pero era mi obligación y, muy a mi pesar,
debía ir. Me vestí rápidamente, recogiendo una por una mis prendas de ropa que
estaban esparcidas por el pequeño salón de Raquel.
No me había fijado antes en la
casa, estaba ocupado pensando en otras cosas, pero era pequeña y acogedora. En
un lado del salón había una estantería llena de libros y un pequeño televisor,
en otro lado había una puerta que comunicaría con las demás habitaciones y en
el otro estaba el amplio sofá azul sobre el que ahora mismo dormía Raquel y
sobre el que minutos antes también estaba yo.
Busqué por toda la casa lápiz y
papel para escribirle una nota a Raquel, no quería que pensase que me había ido
a traición. Y después de darle un beso en la frente y susurrarle “te quiero”,
salí silenciosamente de la casa. Me subí al coche y arranqué en dirección a los
platós.
Me costó salir de Fuenlabrada, ya
que era una ciudad que no conocía, pero después de dar unas vueltas por fin
encontré la carretera correcta. Aparqué el coche en el sitio de siempre y
entré. En maquillaje ya estaba David, como siempre uno de los más madrugadores,
y debió notar algo en mi cara porque me preguntó:
-Daniel, ¿qué te ha pasado? Te
noto… Más rosa. –dijo entre risas.
Yo no sabía a qué se refería hasta
que me pasó un pequeño espejo de mano para que me mirase. Al verlo, yo también
solté una carcajada. Con las prisas, no me había dado tiempo ni a lavarme la
cara y todavía tenía carmín rosa en los mofletes por todos los besos de Raquel.
-Daniel… creo que me tienes que explicar
eso. –volvió a decirme David.- A no ser que quieras que saque ya mis
conclusiones, que seguro que son peores que la realidad. –me dijo entre risas.
-Sí, ven que te lo explico todo en
el bar. No he desayunado y me muero de hambre. –intentó negar la oferta, pero
yo fui más rápido que él.- no pongas esa cara, invito yo. –después de esto sí
aceptó.
En el bar pedimos dos cafés y le
conté todo lo de Raquel, a excepción de la historia de Héctor, ya que sabía que
ni a ella misma le gustaba contarla y también omití el hecho de que la había
dicho que la quería. Sabía que David no lo entendería. La verdad es que ni yo
mismo lo entendía, si me hubiesen dicho hace tres días que iba a sentir esto
por alguien que ni conocía, me hubiese reído de él. Todo era tan confuso… pero
es que era la primera vez que me sentía así, aunque llegase a rozar este mismo
sentimiento con otra persona… Otra persona a la que, ahora que recuerdo, me
había prometido llamar para arreglar las cosas. Según el sueño en mi vida
habría pronto reconciliaciones y esperaba que esa reconciliación fuese con ella.
Ahora sólo queda saber si los sueños aciertan o no. La llamaré después de las
grabaciones.
¡¡Me encanta el cap, en serio!! ¡Mucho!
ResponderEliminarPero... ¿es Cris, verdad...? Ay, que lloro... Que soy Crisda, recorcholis.. jajaaja
"Ella empezó a desabrocharme la camisa mientras yo iba sacando mi camiseta de su cuerpo. La besé el cuello y fui bajando hacia su pecho. Ella me revolvía el pelo. " -> skjfvnsjkasncksjadnsd la parte en la que le revolvía el pelo es kasjscnsdckjasdnc.
"Nos desprendimos de las últimas prendas que nos quedaban y, por fin, terminamos lo que la otra noche empezamos." -> ¡¡UH, MARICHOCHO!! ¡QUE HAN HECHO COSAS DE MASHOREEEESSS! JAJAJAJA
"Pasé mi brazo alrededor suyo y volví a dormirme abrazado a ella, protegiéndola." -> Me muero de amor. De purísimo amor, de verdad. Me encanta que la quiera proteger tantísimo.
"Y después de darle un beso en la frente y susurrarle “te quiero” " -> Ayyyyyyyyyy, que la quiereeeee!!! Normal... :')
Me encanta el cap, Miri!! Mucho mucho!!! Es taaan tiernooooo!!!
Siguiente!!
Te love!