Me desperté aturdida, desorientada y feliz. Bostecé y estiré
los brazos. La verdad es que no sabía muy bien donde me encontraba porque donde
estaba tumbada era más duro que mi cama. Me decidí a abrir los ojos y me
encontré en mi salón, tumbada en el sofá. Entonces lo recordé todo y sonreí
como una tonta. ¿De verdad había pasado o solo había sido todo un sueño? Fue
demasiado perfecto para ser real. Y si había pasado todo de verdad, ¿dónde
estaba Dani? Me levanté del sofá y me dirigí al cuarto de baño para lavarme la
cara con agua fresca y así espabilarme. Mis tripas rugieron, ¿qué era lo último
que había comido? Creo que fue el sándwich con queso en el parque… Y otra vez
recordando ese momento me salió una sonrisa tonta, ¿iba a ser siempre así?
Cuando pasé por el salón para ir a la cocina, me fije que en
la mesa había un trozo de papel cuidadosamente doblado. Lo abrí, no recordaba
que hubiese antes nada encima de la mesa. Volví a sonreír al ver lo que ponía
en el papel:
Buenos días dormilona, lo siento pero
hoy no te he podido preparar el desayuno, el trabajo me llamaba y tenía que
grabar. Espero que no te haya despertado con el ruido. ¿Sabes? Ya te estoy
echando de menos, pero tiene solución, en esta nota te dejo mi número, si
quieres, llámame.
Que tengas un día precioso, Dani.
Desde luego este chico era único. Después de desayunar le
llamaría sí o sí, pero es que ahora mismo me muero de hambre. En la cocina me
preparé un café bien cargado y rebusqué en la despensa algo para comer. La
verdad es que hacía mucho que ni Lucía, mi compañera de piso, ni yo hacíamos la
compra y ya se iba notando. Conseguí rescatar del fondo del armarito unas
galletas para mojar en el café. Hoy también tendría que ir a comprar algo si no
me quería morir en los próximos días de hambre. Terminé el desayuno, dejé la
taza en la pila y corrí al salón a por el móvil. Me senté en el sofá y tecleé
su número. ¿Le iba a llamar? Quería llamarle pero, ¿y si le pillaba en mal
momento? ¿Qué le iba a decir? ¡Si ni
siquiera sabía qué decirle! Respiré hondo y pulse la tecla para llamar, al fin
y al cabo, si me había dejado su número era porque esperaba que hiciese eso.
Puse el teléfono en mi oreja. Primer pitido, segundo pitido, tercer pitido,
“este móvil se encuentra apagado o fuera de cobertura”. Mierda, no me lo ha
cogido. Una desagradable sensación me recorrió todo el cuerpo. Al final eran
ciertas mis suposiciones de que llamaba en mal momento, bueno, estaría grabando
hay que comprender que no iba a estar esperando mi llamada todo el rato sin
despegarse del móvil. Guardé su número en mi agenda, por si luego llamaba él saber
quién era. Ahora que recuerdo, también tendría que llamar a Olivia, la pobre se
desvivió por contactar conmigo ayer y debe estar preocupada. Busco en mis
últimas llamadas recibidas, al ver la de Héctor me entra un escalofrío, ¿hasta
cuándo durará su acoso telefónico? Cierro los ojos y lo olvido, mejor que mi
mente esté ocupada en otras cosas. Bajo y selecciono la llamada de Olivia,
pulso el botón para volverla a llamar. Me vuelvo a llevar el móvil a la oreja.
Primer pitido, segundo pitido, ¿tampoco me va a coger ella el teléfono? Antes
de que suene el tercer pitido y resolviendo mis dudas suena la voz aguda de
Olivia por el micrófono:
-¡Raquel, cariño! ¿Dónde te habías metido? Estaba muy
preocupada, ¡te iba a ir a ver esta tarde a tu casa por si te había pasado
algo! ¿Cómo no me cogiste el móvil ayer? ¿Qué estuviste haciendo? ¡Oh, no me lo
cuentes! Terminaste la noche del martes bien, ¿no? –habla atropelladamente y me
cuesta entenderla, así que la interrumpo antes de que se quede sin saliva o se
ahogue con sus propias palabras.
-Olivia, Olivia, relax, que me vas a estresar. Y no te
preocupes estoy perfectamente, creo que no he estado mejor en mi vida –y mi
tono de voz debió de reflejar esa felicidad, porque Olivia no tardó en suponer
lo obvio.
-O sea que sí termino la noche bien para ti, ¿eh? Te pillé
pillina, quiero todos todos los detalles. Sé que tienes una tarifa que te sale
gratis, así que ya estás rajando todo desde el principio hasta el final.
No tengo más remedio que contarle todo, Olivia es muy
insistente cuando quiere. Le cuento el principio, cómo nos conocimos en la
discoteca, las risas en la mesa, el beso en la pista de baile, que ellas ya se
habían ido y me ofreció dormir en su casa, lo que no llegó a pasar en su casa, aunque
en esa parte ella se rió por lo que pasó y yo me puse roja como un tomate
recordándolo. También le conté cuando me desperté, lo atento que fue al
prepararme el desayuno, la sorpresa de la piscina y el parque y lo que al final
terminó ocurriendo en mi casa. Omití el detalle de la pelea, porque no le había
contado todavía a Olivia lo que había pasado en realidad con Héctor y es que,
aunque fuese mi mejor amiga, no estaba preparada; ella aún creía que lo
habíamos dejado estando los dos de mutuo acuerdo por la ruptura, aunque a mi me
había costado un poco superarlo. Para finalizar le conté el detalle de la nota
porque se tenía que ir y no me había querido despertar.
-Ohhh, que bonito, –dijo Olivia entre risas cuando terminé
de narrar la historia- ¡mi pequeña Raqui se ha enamorado! ¡Y como para no
hacerlo! Ese chico es perfecto. Por cierto, no me has dicho cómo se llama tu
príncipe azul, ¿le conozco? ¿Es de tu barrio, un camarero…? Ese detalle no me
le has dado.
Vaya. No había pensado en que obviamente Olivia le iba a
conocer, ella también veía Otra Movida. ¿Cómo reaccionaría? Quería ser sincera,
pero no quería que le empezase a acosar como una fan loca. Decidí confiar en
ella, si no confiaba en mi mejor amiga, ¿en quién lo iba a hacer?
-Pues sí, creo que le conoces. Se llama Dani.
-Mmmm, ¿Dani el de tu portal de enfrente? No sé, no se me
ocurren muchos chicos que se llamen Dani. ¿No había uno en tu anterior trabajo
que se llamaba así? Ese que llevaba el pelo rubio de punta… –se la notaba desconcertada
y eso me hizo gracia, no se lo imaginaría ni en años.
-Vas frío, muy frío. Te congelas. ¿Y si te digo su apellido?
Martínez. ¿A qué te suena?
-Pues no caigo, cariño. El único Dani Martínez que se me
viene a la cabeza es el que salía en la tele, el que tú decías que no te
llamaba la atención cuando yo te decía lo mono que era.
No pude evitar reírme, esta vez con una buena carcajada. Lo
que decía Olivia era cierto, nunca me había llamado la atención, y que extraño
se hacía que ahora no me le pudiese sacar de la cabeza, ni a él ni a su
sonrisa.
-Siento el ataque de risa, Olivia. Pero es que es increíble
todo esto. –a mi amiga no le hicieron falta más explicaciones para deducir de
quién se trataba.
-¿¡ENTONCES ES ÉL!? ¿¡EN SERIO!?
-Sí, pero por favor, no se lo digas a nadie. Cuando me
acerqué a él no le dije que le conocía, pero ahora se lo he dicho y me lo ha
perdonado, aunque lo último que querría es a mi amiga loca siguiéndonos porque
él es quien es, ¿entendido?
-Claro, claro. No te preocupes que no venderé tu exclusiva a
la Cuore. Palabra de Olivia.
-Me fío de ti, Olivia. Bueno se me ha hecho tardísimo y tengo
que ir a comprar –dije fijándome en mi reloj de muñeca, que marcaban las 13:45-
Chao, te quiero.
-Yo también te quiero, ¡y espero una próxima llamada con más
detalles! –y dicho esto colgó.
Dejé el teléfono encima de la mesa. Espero que Olivia no
diga nada, más le vale. Fui a mi habitación y me vestí con lo primero que
pille: una falda vaquera y una camiseta, me calcé las Converse verdes y volví
al salón. Recogí mi ropa, que todavía andaba tirada por el suelo y vi su camiseta
roja que había llevado todo el día de ayer yo. La cogí, se la tendría que
devolver la próxima vez que nos veamos, me había dicho que era su favorita. La
doble cuidadosamente y la dejé en un lado del sofá. Cogí el móvil y el bolso y
salí a la calle a comprar.
Hacía buen tiempo, el cielo estaba cubierto de nubes pero no
amenazaba tormenta, ¿por qué parecía como si ahora estuviese viviendo otra
nueva vida? Me reí cuando salí del portal, lo primero que me encontré fue la
peluquería de al lado de mi casa, que siempre había estado ahí, donde siempre
me había cortado el pelo. Sin embargo ahora tenía otro significado, se llamaba
“Danni” y no pude evitar reírme del detalle, ahora con sólo bajar a la calle me
acordaría de él. Seguí caminando calle abajo hacia el Carrefour. Compré las
cosas que vi necesarias y volví a casa. Las bolsas pesaban lo suyo y
aprovechando que un semáforo estaba en rojo me paré y las dejé en la acera,
dando un descanso a mis dedos. Justo en ese momento sonó mi móvil, alguien me
había mandado un Whatsapp. No pude evitar volver a sonreír al ver de quién era
“Daniel Movil”. Decía lo siguiente:
Siento no haberte cogido
el móvil, estaba en rodaje. ¿Has comido? Si la respuesta es negativa ponte
mona, en media hora estoy en tu casa. Si es afirmativa arréglate igual, porque
ya estoy de camino. :)
De verdad
que este chico era único. Corrí a mi casa para arreglarme y dejar la compra.
Tenía muchas ganas de volver a probar sus labios, de volver a ver su sonrisa.
¡¡Por favor!! ¡Me encanta! ¡Me encanta mucho mucho mucho! ¡Ay! ¡Miri, QUE ME ENCANTA! Jajajajajajajaa
ResponderEliminarSon amor, en serio, puro puro puro amor. Me encanta cómo Raquel le cuenta con todo detalle a Olivia lo que pasó.
Y qué graciosa Olivia al saber quién era el misterioso chiquito!!! Jajajajaj
Y Daniel, jops, muero de amor con su notita y su whats, en serio.
¡Quiero el siguiente! ¡Te adoro!
"Si es afirmativa arréglate igual, porque ya estoy de camino. J" Me despido con esta frase, sin entender la J, pero quitando eso, es preciosa. JAJAJAJA.