domingo, 23 de junio de 2013

CAPITULO 14.


Me desperté aturdida, desorientada y feliz. Bostecé y estiré los brazos. La verdad es que no sabía muy bien donde me encontraba porque donde estaba tumbada era más duro que mi cama. Me decidí a abrir los ojos y me encontré en mi salón, tumbada en el sofá. Entonces lo recordé todo y sonreí como una tonta. ¿De verdad había pasado o solo había sido todo un sueño? Fue demasiado perfecto para ser real. Y si había pasado todo de verdad, ¿dónde estaba Dani? Me levanté del sofá y me dirigí al cuarto de baño para lavarme la cara con agua fresca y así espabilarme. Mis tripas rugieron, ¿qué era lo último que había comido? Creo que fue el sándwich con queso en el parque… Y otra vez recordando ese momento me salió una sonrisa tonta, ¿iba a ser siempre así?

Cuando pasé por el salón para ir a la cocina, me fije que en la mesa había un trozo de papel cuidadosamente doblado. Lo abrí, no recordaba que hubiese antes nada encima de la mesa. Volví a sonreír al ver lo que ponía en el papel:

Buenos días dormilona, lo siento pero hoy no te he podido preparar el desayuno, el trabajo me llamaba y tenía que grabar. Espero que no te haya despertado con el ruido. ¿Sabes? Ya te estoy echando de menos, pero tiene solución, en esta nota te dejo mi número, si quieres, llámame.
Que tengas un día precioso, Dani.

Desde luego este chico era único. Después de desayunar le llamaría sí o sí, pero es que ahora mismo me muero de hambre. En la cocina me preparé un café bien cargado y rebusqué en la despensa algo para comer. La verdad es que hacía mucho que ni Lucía, mi compañera de piso, ni yo hacíamos la compra y ya se iba notando. Conseguí rescatar del fondo del armarito unas galletas para mojar en el café. Hoy también tendría que ir a comprar algo si no me quería morir en los próximos días de hambre. Terminé el desayuno, dejé la taza en la pila y corrí al salón a por el móvil. Me senté en el sofá y tecleé su número. ¿Le iba a llamar? Quería llamarle pero, ¿y si le pillaba en mal momento?  ¿Qué le iba a decir? ¡Si ni siquiera sabía qué decirle! Respiré hondo y pulse la tecla para llamar, al fin y al cabo, si me había dejado su número era porque esperaba que hiciese eso. Puse el teléfono en mi oreja. Primer pitido, segundo pitido, tercer pitido, “este móvil se encuentra apagado o fuera de cobertura”. Mierda, no me lo ha cogido. Una desagradable sensación me recorrió todo el cuerpo. Al final eran ciertas mis suposiciones de que llamaba en mal momento, bueno, estaría grabando hay que comprender que no iba a estar esperando mi llamada todo el rato sin despegarse del móvil. Guardé su número en mi agenda, por si luego llamaba él saber quién era. Ahora que recuerdo, también tendría que llamar a Olivia, la pobre se desvivió por contactar conmigo ayer y debe estar preocupada. Busco en mis últimas llamadas recibidas, al ver la de Héctor me entra un escalofrío, ¿hasta cuándo durará su acoso telefónico? Cierro los ojos y lo olvido, mejor que mi mente esté ocupada en otras cosas. Bajo y selecciono la llamada de Olivia, pulso el botón para volverla a llamar. Me vuelvo a llevar el móvil a la oreja. Primer pitido, segundo pitido, ¿tampoco me va a coger ella el teléfono? Antes de que suene el tercer pitido y resolviendo mis dudas suena la voz aguda de Olivia por el micrófono:

-¡Raquel, cariño! ¿Dónde te habías metido? Estaba muy preocupada, ¡te iba a ir a ver esta tarde a tu casa por si te había pasado algo! ¿Cómo no me cogiste el móvil ayer? ¿Qué estuviste haciendo? ¡Oh, no me lo cuentes! Terminaste la noche del martes bien, ¿no? –habla atropelladamente y me cuesta entenderla, así que la interrumpo antes de que se quede sin saliva o se ahogue con sus propias palabras.

-Olivia, Olivia, relax, que me vas a estresar. Y no te preocupes estoy perfectamente, creo que no he estado mejor en mi vida –y mi tono de voz debió de reflejar esa felicidad, porque Olivia no tardó en suponer lo obvio.

-O sea que sí termino la noche bien para ti, ¿eh? Te pillé pillina, quiero todos todos los detalles. Sé que tienes una tarifa que te sale gratis, así que ya estás rajando todo desde el principio hasta el final.

No tengo más remedio que contarle todo, Olivia es muy insistente cuando quiere. Le cuento el principio, cómo nos conocimos en la discoteca, las risas en la mesa, el beso en la pista de baile, que ellas ya se habían ido y me ofreció dormir en su casa, lo que no llegó a pasar en su casa, aunque en esa parte ella se rió por lo que pasó y yo me puse roja como un tomate recordándolo. También le conté cuando me desperté, lo atento que fue al prepararme el desayuno, la sorpresa de la piscina y el parque y lo que al final terminó ocurriendo en mi casa. Omití el detalle de la pelea, porque no le había contado todavía a Olivia lo que había pasado en realidad con Héctor y es que, aunque fuese mi mejor amiga, no estaba preparada; ella aún creía que lo habíamos dejado estando los dos de mutuo acuerdo por la ruptura, aunque a mi me había costado un poco superarlo. Para finalizar le conté el detalle de la nota porque se tenía que ir y no me había querido despertar.

-Ohhh, que bonito, –dijo Olivia entre risas cuando terminé de narrar la historia- ¡mi pequeña Raqui se ha enamorado! ¡Y como para no hacerlo! Ese chico es perfecto. Por cierto, no me has dicho cómo se llama tu príncipe azul, ¿le conozco? ¿Es de tu barrio, un camarero…? Ese detalle no me le has dado.

Vaya. No había pensado en que obviamente Olivia le iba a conocer, ella también veía Otra Movida. ¿Cómo reaccionaría? Quería ser sincera, pero no quería que le empezase a acosar como una fan loca. Decidí confiar en ella, si no confiaba en mi mejor amiga, ¿en quién lo iba a hacer?

-Pues sí, creo que le conoces. Se llama Dani.

-Mmmm, ¿Dani el de tu portal de enfrente? No sé, no se me ocurren muchos chicos que se llamen Dani. ¿No había uno en tu anterior trabajo que se llamaba así? Ese que llevaba el pelo rubio de punta… –se la notaba desconcertada y eso me hizo gracia, no se lo imaginaría ni en años.

-Vas frío, muy frío. Te congelas. ¿Y si te digo su apellido? Martínez. ¿A qué te suena?

-Pues no caigo, cariño. El único Dani Martínez que se me viene a la cabeza es el que salía en la tele, el que tú decías que no te llamaba la atención cuando yo te decía lo mono que era.

No pude evitar reírme, esta vez con una buena carcajada. Lo que decía Olivia era cierto, nunca me había llamado la atención, y que extraño se hacía que ahora no me le pudiese sacar de la cabeza, ni a él ni a su sonrisa.

-Siento el ataque de risa, Olivia. Pero es que es increíble todo esto. –a mi amiga no le hicieron falta más explicaciones para deducir de quién se trataba.

-¿¡ENTONCES ES ÉL!? ¿¡EN SERIO!?

-Sí, pero por favor, no se lo digas a nadie. Cuando me acerqué a él no le dije que le conocía, pero ahora se lo he dicho y me lo ha perdonado, aunque lo último que querría es a mi amiga loca siguiéndonos porque él es quien es, ¿entendido?

-Claro, claro. No te preocupes que no venderé tu exclusiva a la Cuore. Palabra de Olivia.

-Me fío de ti, Olivia. Bueno se me ha hecho tardísimo y tengo que ir a comprar –dije fijándome en mi reloj de muñeca, que marcaban las 13:45- Chao, te quiero.

-Yo también te quiero, ¡y espero una próxima llamada con más detalles! –y dicho esto colgó.

Dejé el teléfono encima de la mesa. Espero que Olivia no diga nada, más le vale. Fui a mi habitación y me vestí con lo primero que pille: una falda vaquera y una camiseta, me calcé las Converse verdes y volví al salón. Recogí mi ropa, que todavía andaba tirada por el suelo y vi su camiseta roja que había llevado todo el día de ayer yo. La cogí, se la tendría que devolver la próxima vez que nos veamos, me había dicho que era su favorita. La doble cuidadosamente y la dejé en un lado del sofá. Cogí el móvil y el bolso y salí a la calle a comprar.

Hacía buen tiempo, el cielo estaba cubierto de nubes pero no amenazaba tormenta, ¿por qué parecía como si ahora estuviese viviendo otra nueva vida? Me reí cuando salí del portal, lo primero que me encontré fue la peluquería de al lado de mi casa, que siempre había estado ahí, donde siempre me había cortado el pelo. Sin embargo ahora tenía otro significado, se llamaba “Danni” y no pude evitar reírme del detalle, ahora con sólo bajar a la calle me acordaría de él. Seguí caminando calle abajo hacia el Carrefour. Compré las cosas que vi necesarias y volví a casa. Las bolsas pesaban lo suyo y aprovechando que un semáforo estaba en rojo me paré y las dejé en la acera, dando un descanso a mis dedos. Justo en ese momento sonó mi móvil, alguien me había mandado un Whatsapp. No pude evitar volver a sonreír al ver de quién era “Daniel Movil”. Decía lo siguiente:

Siento no haberte cogido el móvil, estaba en rodaje. ¿Has comido? Si la respuesta es negativa ponte mona, en media hora estoy en tu casa. Si es afirmativa arréglate igual, porque ya estoy de camino. :)

De verdad que este chico era único. Corrí a mi casa para arreglarme y dejar la compra. Tenía muchas ganas de volver a probar sus labios, de volver a ver su sonrisa.

1 comentario:

  1. ¡¡Por favor!! ¡Me encanta! ¡Me encanta mucho mucho mucho! ¡Ay! ¡Miri, QUE ME ENCANTA! Jajajajajajajaa

    Son amor, en serio, puro puro puro amor. Me encanta cómo Raquel le cuenta con todo detalle a Olivia lo que pasó.

    Y qué graciosa Olivia al saber quién era el misterioso chiquito!!! Jajajajaj

    Y Daniel, jops, muero de amor con su notita y su whats, en serio.

    ¡Quiero el siguiente! ¡Te adoro!

    "Si es afirmativa arréglate igual, porque ya estoy de camino. J" Me despido con esta frase, sin entender la J, pero quitando eso, es preciosa. JAJAJAJA.

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