lunes, 10 de junio de 2013

CAPITULO 2


Al llegar a casa me duché y me cambié mi camisa de cuadros por la camisa blanca que tenía que llevar al show con la corbata negra. Hoy quería llegar pronto, porque aunque me encante estar con mis fans, si hay muchos a la entrada no me voy a poder parar por cuestiones de tiempo y me sienta fatal verles con carita triste por eso. Así que una vez arreglado del todo, cojo el teléfono y llamo al taxi.

Cuando voy llegando veo que si hay gente esperándome, pero poquita, así que puede que me dé tiempo a atenderles. Bajo del taxi patosamente y saludo a las chicas que me esperan. Son todas jovencitas, de entre unos 13 y 18 años, que me piden fotos y abrazos. Pero para mi sorpresa no están solas, una madre les grita a otras que estaban en la puerta que he llegado y vienen a por mí. Rodeado de chicas que me piden abrazos, fotos y me llenan de regalos y sonrisas, aparece una chica que me llama la atención. Parece que esté acompañando a alguna de las otras, pues presta más atención a si no me agobian que a mí mismo. Es alta, con el pelo castaño claro y unos ojazos verdes de infarto, y tendrá unos 26 años. Debió notar que me estaba fijando en ella porque me dice:

-¿Tienes prisa? Lo siento mucho, es que son muy fans tuya.

Y yo, envuelto en regalos y todavía embobado solo acierto a decir:

-No pasa nada, ¿tú no quieres foto y abrazo entonces?-le digo sonriendo, en un intento patético de ligoteo pues parece que ella no capta nada, así que para remediarlo, solo se me ocurre meterme dentro- Lo siento chicas, tengo que ir a probar todo. Muchas gracias por los regalos, a la salida os veo y espero que os guste el espectáculo.

Una vez dentro voy al que será mi “camerino”, lo digo así porque no es que sea muy espacioso, con una única mesa donde dejar las cosas, una percha para colgar la ropa y un asientito. En la mesa dejo todo lo que me han dado: cartas, regalos… Los abro uno a uno y alucino con el cariño que hay en cada una de las cartas hechas a mano, o en un álbum de fotos con mis mejores momentos en la televisión. Si es que no me puedo quejar de fans. Pero esa chica… ¿esa chica quién sería? ¿Qué haría aquí? La verdad es que ahora no me la puedo sacar de la cabeza…

Pruebo todo lo que tenía que probar y me dicen que ya me puedo ir a repasar el monólogo o a relajarme a mi camerino, y me decanto por lo segundo. Aunque la relajación no dura mucho, porque a los minutos oigo una voz que me es conocida. Flo ya está aquí. Salgo del cuartucho y le saludo con un gran abrazo. La verdad es que no nos veíamos desde el mes pasado, cuando quedamos para cenar. Ahora él con su nuevo programa y yo con Aída no tenemos casi tiempo, pero eso no quita que sigamos en contacto por otros medios y que por eso le hubiese invitado a venir hoy. Hablamos de todo un poco, decimos las típicas tonterías y las risas son lo más abundante. En mitad de la conversación llega Raúl, nos saludamos chocando los puños y lo primero que nos dice es:

-Hey, ¿qué pasa Dani, Flo? ¿A vosotros también os han parado las chicas de fuera?

Y mientras ellos hablan de lo bonito que es que la gente te pida abrazos, te dé tanto cariño y leen las respectivas cartas que les han dado, yo no puedo evitar acordarme de la extraña chica de ojos verdes en la que me había fijado. La verdad es que tengo la tentación de salir fuera  y buscarla por cualquier escusa tonta, pero el espectáculo está a punto de comenzar y por lo que cuentan Raul y Flo, ahora hay más gente. Puede que después del espectáculo esté a la salida, o puede que no y que nunca vuelva a ver a la chica que me ha robado el corazón con esa mirada dulce. ¿Por qué el destino será tan caprichoso?

1 comentario:

  1. ¡MIS GANAS DE LEER MÁS Y DE TODO AUMENTAN SEGÚN PASAN LOS SEGUNDOS! CHIQUILLAAAAAAAA, ¿CÓMO DEJAS ESTO ASÍIIIII? ¡MORIRÁS ENTRE TERRIBLES SUFRIMIENTOS COMO NO SUBAS YA EL SIGUIENTE CAPÍTULO NINIAAAA! JAJAJAJAPues eso, que me ha encantado mucho y que es todo un honor leer a mi querida Danievicha que la conocí el 21 de mayo, que estuve hablando con ella en el pasillo y que me dieron ganas de matar a la pava esa que dijo que despejaramos el pasillo. ¬¬. Menuda hostia tiene la pava.

    ¡Te quiero, Danievicha! ¡SIGUIENTE!

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