Desayunar con Raquel era una delicia. No mentiría si dijese
que fue uno de los mejores desayunos de mi vida. Pasamos el rato entre besos
con sabor a café y juegos de galletas. Momentos para grabar y así poder vivirlos
mil veces más. ¿Por qué Raquel estaba teniendo este efecto sobre mí?
Ya había pensado en todo lo que íbamos a hacer hoy. Sólo
quedaba que Raquel me dijese su respuesta. Mientras mojaba la última galleta en
su café, le volví a hacer la pregunta:
-¿Ya has decidido si te vas a dejar raptar por mí o vas a
huir en esta mañana de mayo dejándome sólo y desamparado?
Ella casi se atraganta con la galleta de la risa tonta que
le entro mientras se volvía a poner roja. Me hacía mucha gracia cuando se ponía
así, ese detalle en el bar había pasado desapercibido por la poca luz y el
efecto del alcohol, pero me encantaba. Me hacía tener un instinto protector
sobre ella, como si fuese una niña pequeña a la que había que proteger de todos
los peligros de esta dura vida.
-¿Quieres la verdad o una historia que me invente?- me dijo
pícara, repitiendo las palabras que yo había usado con ella.
-Sorpréndeme con la historia- le piqué, sonriéndola mientras
ella enrojecía cada vez más. No se esperaba esa respuesta.
-Pues… Podría decirte que tengo trabajo y entro en una hora-
dijo mientras inclinaba su cuerpo sobre
la mesa y se acercaba cada vez más a mi- o que en dos horas sale mi vuelo
porque tenía un viaje planeado para hoy- cada vez estaba más cerca, nuestras
narices se rozaban, y ella terminó la frase susurrando- o simplemente te podría
decir que no me fío de ti.
Con esto último se alejó rápidamente de mí, dándome un
cariñoso golpecito en la nariz y dejándome con la boca medio abierta y embobado
completamente. Tardé en reaccionar, pero al final le respondí:
-¿Es esa su última respuesta, señorita?
-No, esa es la respuesta que usted ha querido oír, señor. La
mía era que por mí, iría con usted al fin del mundo.
Y esta vez mi reacción no fue lenta. Ahora fui yo el que se
inclinó y la besó en los labios, lenta y dulcemente, con sabor a café y
galletas. Naranja recién exprimida y sentimientos a flor de piel. Como dos
adolescentes.
-¿Entonces a qué fantástico lugar me va a llevar, señor
Martínez?
-Mejor que sea sorpresa, ¿no?- dije agarrándola y llevándola
de la mano al salón. – Espera aquí- le dije cuando estaba en medio del salón.
Corrí a mi habitación y busqué por todo el armario, ¿dónde
los había metido? Por fin los encontré y metí uno en una mochila, junto con
otra camiseta. Abrí otro armario, ¿y el regalo? Juraría haberlo metido aquí…
Si, lo encontré y también lo metí en la mochila. Recé porque le valiese, aunque
yo juraría que sí. Regresé al salón cargado con la mochila.
-¿Nos vamos?- la dije empujándola suavemente hacia la puerta
de salida.
-¿Cómo me voy a ir con estas pintas? Te recuerdo que llevo
sólo una camiseta tuya a modo de vestido y los zapatos de anoche, me van a
llamar loca.- me reprochaba con cara sorprendida por mis prisas, mientras mis
ojos volvían a recorrer su vestimenta. La verdad es que estaba muy sexy, y que
se pusiese mi camiseta me hacía sentir ganas de agarrarme a ella para besarla y
no soltarla nunca más.
-No te preocupes, donde vamos no necesitarás ni la camiseta
ni los zapatos- la dije guiñando el ojo- Vamos, confía en mí.- Aunque no sé si
esta respuesta, aparte de volver a subirle los colores, sirvió para ponerla aún
más nerviosa. La verdad es que es lo que pretendía.
Antes de salir por la puerta se me ocurrió una cosa. Le dije
que me esperase un minuto en el pasillo y fui a mi habitación. Volví corriendo
con un pañuelo en las manos. Ella me miraba con más sorpresa y confusión que
antes.
-Ah no, eso sí que no. Odio que me tapen los ojos- refunfuñó.
-Veeeenga, Raquel. Fíate de mí.- dije poniendo la carita de
un niño que no ha roto un plato en su vida, aunque en mi caso fuesen muchos los
platos que llevaba rotos.
Antes de que respondiera, le di la vuelta y coloqué el
pañuelo sobre sus ojos. Pasé mi mano rápidamente por delante suya para
comprobar si veía algo, aunque sus gritos y movimientos ya delataban que no, y
fugazmente la besé. Cuando me separé de ella, sus labios seguían buscando los
míos, y me reí por su gesto.
-Venga, cuanto antes lleguemos, antes te volveré a besar,
que sé que lo estas deseando.- dije entre risas
Y torpemente, porque
Raquel se negaba a dar más de dos pasos sin pararse para asegurarse de dónde
estábamos, aunque yo le susurrase mil y una vez al oído que confiase en mí y
sujetase con mis manos sus hombros, llegamos al coche. Le abrí la puerta del
copiloto y le ayude a sentarse. Luego fui yo al asiento del conductor y
arranqué el motor. Antes de ponernos en marcha, ella volvió a preguntar:
-¿Dónde me llevas? ¿Me tendría que asustar?
A lo que yo me limite a responder una vez más:
-Fíate de mí, princesa.
¡Me encanta muchísimo, en serio! ¡Jo, adoro tu historia!
ResponderEliminarMe encanta que Dani sea taaaan ksdjcnsdckjnasd con Raquel, y que Raquel sea taaan tímida. Por nada se sonroja, jijiji, mola!!
"Pasamos el rato entre besos con sabor a café y juegos de galletas. Momentos para grabar y así poder vivirlos mil veces más. ¿Por qué Raquel estaba teniendo este efecto sobre mí?" -> Por favor, me les imagino y muero de ternura, ñoñería y de todo, todito, todo!!
"-Pues… Podría decirte que tengo trabajo y entro en una hora- dijo mientras inclinaba su cuerpo sobre la mesa y se acercaba cada vez más a mi- o que en dos horas sale mi vuelo porque tenía un viaje planeado para hoy- cada vez estaba más cerca, nuestras narices se rozaban, y ella terminó la frase susurrando- o simplemente te podría decir que no me fío de ti." -> Fan fan fan fan fan fan, pero súpermegahiperultra FAN de la historia de Raquel, jajajajaja. Y también cuando se separó y dejó a Dani embobado... *-*
¡Jooooo! ¡Quiero saber a dónde la lleva con tanta prisa!
Ay, me tienes con la curiosidas, eh!!!
Me despido con esta frase:
" -Fíate de mí, princesa. "
KSJDNASCJKASDDJKASDN. LOVE LOVE Y MÁS LOVE.
¡Te quiero!